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Huellas del primer tercio del siglo XX

Huellas del primer tercio del siglo XX

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La poeta y escritora leonesa Dolores Gortázar y Serantes. Ampliar imagen La poeta y escritora leonesa Dolores Gortázar y Serantes.
Mercedes G. Rojo | 10/11/2020 A A
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Huellas del primer tercio del siglo XX
Literatura Dolores Gortázar y Serantes es una poeta y escritora tradicionalista cuya obra discurre dentro de una línea de marcado carácter católico
«Visitando mi padre el célebre monasterio de San Miguel de Escalada, absorto contemplaba las columnas sin base y de capiteles exornados, que revelan los primeros albores del arte románico (...)»
(Fragmento de ‘El Cristo de la roca’. Dolores Gortázar)

Dolores Gortázar y Serantes (León, 1872- Leganés, 1936) con raíces vascas a la par que leonesas, tal vez su propensión a las letras vino en parte heredada del padre, periodista en Cuba que se acabaría instalando en León, donde ella nació y se formó en sus primeros años de vida, destacando su pronta afición literaria que la abocaría a tempranas colaboraciones en prensa (en La Crónica publicaría con apenas 10 años su primer poema).

Casada a la precoz edad de 15 años, se trasladó a Murcia desde donde continúo colaborando con diversos medios periodísticos. Con apenas 23 años se convierte a la vez en madre y viuda, y retorna a su casa materna, en León, para iniciar estudios primero en León y luego en Burgos, que la convertirán en maestra. Su actividad docente se extiende entre las dos primeras décadas del siglo XX, formando incluso parte de la puesta en marcha de la Escuela María Cristina (hoy Real Centro Universitario), una escuela de vanguardia para chicas, mientras continua con sus publicaciones y con tareas de difusión que la posicionaron como activista educativa, militante feminista y propagandista española (de las ideas carlistas) que, junto a otras compañeras de la misma tendencia ideológica, abogaba por la presencia de las mujeres en la vida pública, eso sí siempre «en defensa de la Religión y la Patria y sin menoscabo de su condición femenina y su labor como esposa y madre de familia».

Se la ha considerado una escritora tradicionalista, sin gran trascendencia literaria, salvo en la relativa a su novela ‘El Cristo de la roca’, que gozó de un cierto éxito. En líneas generales toda su obra transcurrió dentro de una línea marcadamente católica y alejada de temas controvertidos lo que tal vez también contribuyó a ese «éxito».

En su bibliografía encontramos poesía, teatro, novela, estudios de carácter historiográfico y artículos y otras colaboraciones en prensa, en este caso con participación –durante varias décadas– en hasta una cuarentena de publicaciones de diversa índole, entre ellos algunos leoneses como La Crónica o El Porvenir. Al publicar en ocasiones bajo seudónimo, se hace muy difícil seguirle el rastro a todas sus colaboraciones. En este campo de la prensa incluso llegó a crear una revista propia, Roma, editada en Madrid entre 1912-1914 y considerada como una de las primeras revistas femeninas españolas.

Hoy aún podemos acceder a algunas obras digitalizadas por la Biblioteca Nacional de España. Su lectura resulta, cuando menos, curiosa, permitiéndonos conocer su estilo o la costumbre de sus largas dedicatorias en sus diferentes publicaciones quizá buscando lograr un mayor efecto llamada sobre su obra.

Entre sus piezas teatrales, dos referencias: ‘Margarita’ (1895), su primera obra editada a juzgar por la dedicatoria a una amiga de la infancia; y Aventuras cortesanas, comedias ambas de enredos, en un solo acto y con un lenguaje coloquial; seguramente solo estrenadas en León.

Sus versos, dispersos en distintos medios, pueden encontrarse también en ‘Nimias’ (1898) poemario dedicado a SAR la Infanta Doña Isabel. Su poesía suele considerarse bastante convencional que, «con un estilo bastante banal, promueve el elogio de la ortodoxia tradicional girando en torno a las virtudes cristianas, las ventajas de la vida familiar, la belleza de España (León es una constante referencia) y los valores patrióticos».

Uno de sus mayores reconocimientos literarios vendrá con su traducción (directamente del latín) del ‘Arte Poética de Horacio’ (1901), obra premiada en los Juegos Florales de León con motivo del VI Centenario de Guzmán el Bueno. Es curioso destacar como en esta obra apela a la solidaridad del lector (como los libros solidarios con múltiples causas que tanto han proliferado en los últimos tiempos, sin estar muy claro si como reclamo para una mayor venta de los mismos) a través del texto ‘Un óbolo de caridad’ en el que pormenoriza la situación a la que su coste se destinará apelando en el lector a sentimientos como la caridad y el patriotismo: «¡Benditos sean los nobles y poderosos que (…) siembran á su paso el bien y prodigan la caridad! ¡Ellos alcanzarán la bienaventuranza eterna! Y bendito seas tú, lector, si depositas un óbolo de caridad para esa mujer indigente y virtuosa y para esos niñitos inocentes, arrojados á la más negra desdicha. Si escuchas mi voz, mi corazón te reservará profunda gratitud».

De entre sus piezas narrativas destaca ‘El Cristo de la roca’ (1911)/ ‘La roca del amor’ (1924), en realidad una misma novela que, tras tres ediciones agotadas, reescribió con ligeras variaciones logrando que la prensa del momento la reconociese como original, para agotar dos ediciones más. Obra de ficción típica de la época, en lo que más destaca es en la historia narrativa hecha a partir de diferentes relatos; una historia de amor, narrada en primera persona, que gira en torno a una complicada intriga familiar en cuya trama se trata de superar una serie de misteriosas tragedias y desgracias. La presencia de lo leonés está muy presente en el texto, con clara alusiones a lugares y monumentos (como el Monasterios de San Miguel de Escalada, entre otros) y a algunos momentos de su historia, relación patente en los nombres de algunos de sus personajes que lucen apellidos como Eslonza, Lancia, Morgobejo, Torío,…
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