Recordaba estos días cómo me emocionó ‘El agente topo’ mientras me encontraba con esa misma emoción -y las mismas reflexiones- al leer ‘Huellas’. Es una de las revistas que, junto a ‘Remembranza’ y ‘La ilusión del saber’, hacen los mayores que participan en un programa de educación de adultos. El programa, con más de mil quinientos alumnos de un centenar de municipios, depende de la Diputación de León. Este año se canceló. Por eso algunos ayuntamientos -Villaquilambre, Valdefresno, Magaz de Cepeda, Cimanes del Tejar y Val de San Lorenzo- decidieron hacerlo por su cuenta.
Como Sergio Chamy en el documental, los alumnos han aprendido a usar el Whatsapp y otras tecnologías, como Skype, para seguir las clases. El esfuerzo de alumnos y profesores ha servido para que sintieran que, a pesar de la pandemia, podían seguir aprendiendo y no estaban solos. Por eso espero que este programa de educación para los mayores se reanude el próximo curso.
Me pidieron un texto para las revistas de estos alumnos pero los suyos me gustan más que el mío. En ellos están las huellas de la vida. Pequeñas historias que también hacen la gran historia. Infancias ásperas con ocho hermanos y el padre en la guerra, o con trece hermanos y la necesidad de ir interno a un colegio, un hambre que no deja «muy buenos recuerdos de juventud», y cines y peonzas y pelotas de trapo, y siempre demasiado poco tiempo de escuela que ahora se intenta recuperar con esta nueva oportunidad.
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