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Hippies: el verano del amor

Hippies: el verano del amor

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Toño Morala | 22/06/2020 A A
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Hippies: el verano del amor
Reportajes Los hippies, aquel maravilloso movimiento joven que derribó las puertas de todos los prejuicios de los años 60 y 70 e instalaron conceptos como el pacifismo, el nudismo, el amor libre... paz y amor hermanos
Qué desolado estaba este país por aquellos años pasados; principios de los sesenta y de los setenta. Las buenas gentes trabajaban en lo que había y poco más, el resto ya lo ponía el franquismo, o sea, toros y fútbol. Pero también y, sobre todo gente joven, iban tramando otras formas de vida y de protesta, otras formas diferentes de pensar y de intentar contribuir para el gran cambio que necesitaba el país. Pero los censores y aquella policía política, así como el fanatismo clerical y otros añadidos, no dejaban casi nada al libre albedrio del personal; así y todo, varios movimientos, tanto culturales, políticos, sindicales, incluso también cristianos, -entre otros- cogieron las riendas al miedo, y en la clandestinidad se iban organizando para las protestas, manifestaciones, reuniones, asambleas… y cómo no, la gente joven, que ansiaba libertad, fueron importando otras formas de vida y de pensamiento; antibelicistas, pacifistas, regalando flores a los militares y policías… En pocas palabras; paz y amor. Idealismo puro, sensibilidad, arte, cultura alternativa; contracultura para ir retirando la oficial tan ñoña; en suma, jóvenes llenos de vida y con muchas ganas de cambio, mucho cambio. Algunos eran más radicales, pero la inmensa mayoría se dejaban llevar por el corazón y la inmensa inocencia. Uno de aquellos movimientos, fue el movimiento hippie, aquel verano del amor, aquella forma de vida libre como el viento, donde se compartía todo para cambiar y luchar por algo que mereciera la pena; la esperanza era como una larga sombra alargada, y el tiempo se echaba encima. Aquellas mujeres jóvenes que luchaban por su liberación, incluida la sexual, aquellos hombres que se dejaban el pelo largo y la barba a su manera, como signo de rebeldía. Y aquellas grandes concentraciones en parques, montes, playas… en aquellos festivales musicales que se abarrotaban de estas buenas gentes con ganas de pasarlo bien, sin hacer daño, y sin meterse con nadie. Todo iba muy ligado, tanto las maneras de vestir, la música, el estar siempre acompañados con gente de tu mismo rollo… en fin , la felicidad que se luchaba día a día, casi hora a hora, pues las fuerzas represoras tenían el mandato de romper con cualquier atisbo de libertad.

La cultura hippie se desarrolló como un movimiento juvenil en los Estados Unidos durante la década de 1960. Alrededor de 1967, sus ideas se extendieron por todo el mundo. Los hippies declararon una ideología que se concentró en paz, amor y libertad personal. Rechazaron valores de la clase media, se opuso a armas nucleares y la guerra de Vietnam. Se interesaron en la filosofía oriental y procuraron encontrar el nuevo sentido en la vida. Creían que la cultura dominante era corrupta y defectuosa. Se buscó para sustituirla por una sociedad utópica y crearon comunidades o comunas. El movimiento llegó a España con retraso debido a la situación política del país. No obstante, el hippismo a la americana no se entendió muy bien aquí, ya que no conllevaba la acción política. Se dice que era más bien una simple moda. A los jóvenes españoles les encantaba el movimiento, pero muy pocos eran verdaderamente hippies. Sin embargo, tuvo una presencia significativa en la isla de Ibiza. La isla tenía una reputación de ser un lugar donde reinaba la libertad de pensamiento y expresión. Ibiza y Formentera se convirtieron en los centros del movimiento hippie en Europa en los años 70. Los “peluts”, como la gente local llamaba a los nuevos habitantes de la isla, crearon la mayoría de las comunas alrededor de pueblos como San Carlos de Peralta. Los puntos más populares para las reuniones fueron la plaza del pueblo y el Bar Can Anita. Se ganaban la vida con sus artesanías y mercadillos ambulantes. Hacían exposiciones de arte, encuentros culturales y las degustaciones de la comida macrobiótica. Hoy en día, todavía existen dos mercados hippies en la isla: Punta Arabí en Es Cana y Las Dalias en San Carlos. Los hippies influyeron mucho la vida en la isla: trajeron nuevas costumbres y tenían un gran impacto con el turismo, todo el mundo estaba interesado en quiénes eran y cómo vivían. Hoy en día existen tres asentamientos de hippies en Órgiva, la Alpujarra granadina. Los primeros habitantes llegaron allí a finales de los 70. Muchos de ellos vinieron de Ibiza, que en su opinión había perdido su esencia a causa de demasiada gente y turismo. La comunidad más conocida se llama Beneficio. Elogian la no violencia, la vida en libertad y en armonía con la naturaleza.

Pero la vieja Europa, no se quedó atrás en aquel movimiento. París y después Londres, pudieron disfrutar del estallido de color y sonido que la juventud británica protagonizaría en la gran década. Moda y música –de la minifalda a los Beatles- para describir el desarrollo histórico. El torbellino de personajes y movimientos contestarios y culturales de entonces como Bob Dylan, Joan Baez, Ken Kesey, Andy Warhol, John Lennon, Yoko Ono, Jim Morrison, Paul Simon, Jimmy Hendrix, Charles Mingus, Abbie Hoffman y muchos otros, pasarían por “Howl” una y otra vez, trabajarían con Ginsberg y serían influenciados por su activismo político. Se debía a la generación beat la señal del primer movimiento de ruptura en la trayectoria de las revueltas generacionales de los años cincuenta y sesenta. Esos poetas, escritores y artistas, capaces de crear una especie de fraternidad bohemia, serían los progenitores directos de un cierto sector de la juventud norteamericana que llegaría a crear toda una subcultura, un estilo de vida, un proyecto social nuevo: los hippies. El venturoso éxtasis experimentado por Ginsberg y por la mayoría de los escritores y artistas beat de la primera hora conduciría a muchos jóvenes hacia la peregrinación oriental. Los libros sagrados de la religión y misticismo orientales, los libros-códigos eróticos, las figuras de Buda y de Karma, fragmentos de la filosofía oriental, la adopción del kashdan, el orientalismo simulado del ritual de las “representaciones” de LSD, la música de Ravi Shankar, la cítara, las danzas sinuosas y culebreantes, los cantos budistas de Allen Ginsberg, todos estos elementos establecerían unos lazos de conexión muy complejos en la subcultura hippie que iría apareciendo. La cuestión del amor sería, en algunos aspectos, el motivo central de la inmanente filosofía hippie. El amor del que se hablaba implicaba más que la eliminación de las barreras sexuales, la llamada permisividad sexual de la vida hippie. El amor no solo no estaba reprimido, sino que se desarrollaría libre y abiertamente celebrado. En la franja bohemia de la cultura joven e inconformista de la época, todos los caminos conducirían a la psicodelia. La fascinación por las drogas alucinógenas surgiría una y otra vez como denominador común de las múltiples formas que la contracultura adoptaría en la última postguerra.

En Easy Rider (1969) y Hair (1975), la película y el musical que mejor tributo rendirían a los jóvenes contraculturales de los sesenta, los directores mostrarían fielmente la experiencia de las drogas. En la primera, Peter Fonda, Dennis Hooper y Jack Nicolson asisten a los mejores discursos sobre el ejercicio de la libertad envueltos del humo de los porros de una comuna hippie que encuentran por “el camino en busca de América”. En Hair, Claude Bukowski (John Savage), un joven de provincias que acude a Nueva York para citarse con el Consejo de Instrucción del Ejército, vive una aventura que le cambia la vida después de convivir con un grupo de hippies congregados en Central Park. Los viajes de LSD modifican su visión del mundo entrando en estados alucinógenos mientras las drogas se convierten en el mejor pretexto para vivir al máximo su libertad.

Sin duda, el grupo de los escogidos no sería muy numeroso aunque hay que reconocer que del desasosiego y resistencialismo universitario que en el 57 se echaría a la calle en demanda de reivindicaciones culturales y políticas, incubaría la semilla cuyas flores acabarían adornando el poder después de mayo del 68, porque diez años después, todavía estarían pagando las consecuencias, todavía arrastrarían trabajosamente, aburridamente, cierto prestigio estéril conquistado durante aquellas gloriosas fechas, una gran lucidez sin objeto, un foco de luz extraviado en la noche triste de la indolencia, desintegrándose poco a poco en bares de moda con la otra integración a la vista. Y en esas quedamos, un movimiento de mucha flor, paz y amor… para luego, llegar el casi olvido y vivir como se pueda, pero existir, existió, y quedan por ahí algunos muy importantes en pensamiento pacifista, ecologista, y sobre todo, filosófico y partidarios de otra de forma de vida; hay que respetar y admirar a estas buenas gentes. Los hippies y todo su legado cultural.
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