Publicidad
Hermann

Hermann

LNC VERANO IR

Ampliar imagen
Rubén G. Robles | 26/08/2020 A A
Imprimir
Hermann
La corona de Heinrich (XXIII) Feder desvelará al profesor Lecomte algunos detalles relevantes que le permitirán comprender todo mejor
Capítulo XVI
París
Francia

Sonó el teléfono de la cocina. Al otro lado sonó la voz de Hermann.
–Señor Lecomte…  
–¿Sí?        
–Póngase algo de ropa y baje a la calle, le invito a desayunar, café Manfred, rue du Temple con Réaumur, está cerca de su casa.

El otro ya había colgado. Se vistió para acudir a la cita. Cuando bajó a la calle vio a los hombres de Hermann Feder apoyados sobre un Citroën C5 reluciente y negro, el mismo que le había llevado hasta la Marie de París. Tuvo que andar unos doscientos metros hasta llegar a la Place du Temple. Al otro lado de los cristales de la cafetería, Hermann sonrió. Aparecía lleno de amistad junto a una taza de café y un rosario colorido de zumo, croissant, mantequilla, mermelada y pan.
–¿Qué es lo que pretende la Organización al entregarme todo este conocimiento? –le soltó el profesor sin haberse sentado a la mesa-. Además, ¿qué tiene que ver mi escritor, Enrique Gil y Carrasco, con todo este conjunto de enloquecidos y disparatados personajes? ¿Sabe algo acerca de los papeles que he encontrado en la Biblioteca de Saint-Jacques?

Hermann no dijo nada.
–¿Me ha oído?
–Por supuesto Monsieur Lecomte. Sé que ha encontrado la línea financiera de los Ashkenazi, porque nuestra escritora hebrea le entregó las pistas para hacerlo. Los Termudi de Salónica no fueron los únicos judíos que participaron en el fin del mundo concebido como obra de arte contribuyendo al triunfo del primer sefirot.
–¿Entonces es cierto?
–¿Qué es cierto? –le preguntó Hermann
–¿El nazismo tuvo una financiación  judía que deseaba el aniquilamiento de los pueblos y naciones europeas?
–Como ya sabe los Termudi de Salónica financiaron una pequeña sociedad de recuperación de la cultura germana, la sociedad de la Thule Gesellschaft, cuyo objetivo era el estudio de las antigüedades teutónicas, lo cual acabó proporcionando un fuerte soporte ideológico y financiero al nazismo. Estaba formada por los ocultistas alemanes más destacados. Sus contactos con otras sociedades esotéricas fueron permanentes, incluidas las judías.
–Pero Hitler odiaba y perseguía al pueblo hebreo, es algo que me cuesta comprender.
–Erich von Ludendorff, general responsable de la victoria alemana sobre los rusos en Tannenberg, en agosto de 1914, se unió a Adolf Hitler en 1923 y fue quien le pidió al Führer que desterrara el elemento judío del nazismo, aunque ninguno de los dos sabía que el carácter y la finalidad de su empresa eran hebreos y que estaba impulsada y financiada por su capital. Pero antes de eso los judíos trabajaban desde el interior de la ampolla de cristal para su destrucción y para el triunfo del primer sefirot, la renovación del mundo, una destrucción  que devolvería el mundo íntegro a la ampolla de cristal en cuyo interior permanece el aleph.
–¿Y el aro de hierro, las copas de ónix y el Zohar?
–Cada objeto es una metáfora, el Zohar hace referencia a los peldaños del conocimiento, al árbol sefirótico, los vasos son los vasos de la vida, concebida como un fluido que sin detenerlo hay que beber.
–¿Y la corona?
–Es el décimo sefirot, el peldaño más elevado, la corona del iluminado, es la corona de ideas que todo hombre ha de llevar, el keter, su corona, sus valores. En el caso de Enrique es su nobleza de carácter y su capacidad para narrar. Usted reencarna esos valores y debe escribir para reintegrar el mundo al primer sefirot y encerrarlo de nuevo en la ampolla de  cristal, a cuyo interior debe regresar el equilibrio y la paz. Su escritor, Enrique Gil y Carrasco escribió aquel relato de la ampolla de cristal para advertir sobre la fragilidad del mundo cuya imagen era la esfera de vidrio que contiene la vida, la palabra secreta con capacidad terapéutica, pero que es capaz de albergar el mal. Inspirándose en el Zohar introdujo una clave numérica solo accesible para los cabalistas, para los masones del Arco Real, una clave que advierte sobre el final al estilo de los Milleristas, pero que al conocerse, el relato ayuda a desatar. La advertencia es la clave para desatar aquello sobre lo que nos advierte.
–Pero…
–Pero no le elegimos a usted por los conocimientos que parecía demostrar sobre su escritor sino porque usted es la reencarnación de los valores que hay en él y cuanto escribió.
–¿Yo? ¿Está bromeando?
–Usted debe recuperar los valores que encarna su escritor. Le hemos elegido pensando en que desarrolle una actividad muy específica, escribir.
–¿Pero, sobre qué?
–Sabe mejor que yo que la concentración de poder por parte de los medios de comunicación les ha convertido en actores principales del escenario global, han obtenido una posición de  dominio sobre la información, pasando de ser una especie de línea Maginot y ofrecer un servicio de interés público, a ser quienes se encargan de la formación y la dirección de opinión pública. Ellos ejercen el dominio narrativo a través de conocer los recursos técnicos de la palabra, porque su palabra secreta, encerrada en su vasija de cristal, es poder y ellos lo saben. Los principales grupos de comunicación se integran en los cada vez más globales y poderosos grupos empresariales y financieros. Esa integración ha convertido a los medios de comunicación social en la herramienta más útil en la generación de opinión, contribuyendo a hacer cierta la línea argumental de Noam Chomsky al desarrollar el concepto de la fabricación del consentimiento.
–¿Y qué se supone que puedo hacer yo si lo quisiera evitar?
–El principal propósito de nuestra Organización al haber entrado en contacto con un profesor de literatura comparada es que usted intente descubrirle al mundo a través de su aleph, del primer sefirot, de la palabra secreta que solo usted porta en su interior, como una ampolla de cristal, que ese proceso de integración entre los principales grupos de comunicación y los grupos empresariales y financieros tiene como objetivo dirigir a la opinión pública para sustituir a las instituciones en la toma de decisiones. Porque su palabra secreta es compromiso y es también honestidad. Deberá escribir un relato como el de su escritor, que advierta del cambio y lo ponga en movimiento.

El profesor asentía sin decir nada.
–La realidad actual, señor Lecomte, es una creación literaria narrada diariamente, es una elaboración, una fabricación, cuyo objetivo principal es la voluntad de poder, una fabricación simulada para evitar los riesgos de que llegue a ser advertido por la opinión pública. Una opinión pública con voluntad y capacidad de actuar si se activan los mecanismos para que actúe, una opinión pública con capacidad para dirigir su energía a liberarse a través de la verdad.
–¿Ustedes pretenden que contribuya a descubrirle al mundo algo con lo que el mundo ha aprendido a convivir?
–Lo cierto es que no habíamos llegado a pensar en esa posibilidad.
–¿Qué posibilidad?
–La posibilidad, señor Lecomte, de que usted se conformara con pensar que todo el mundo sabe, da por hecho y acepta la existencia de dicha fabricación.
–¿Qué otra opción se podría plantear?
–Debería ayudarnos, mediante un relato, una novela, a desvelar los mecanismos del lenguaje que contribuyen a que nuestra sociedad esté manipulada, controlada y sin posibilidad de ninguna acción, porque su palabra secreta es compromiso y es también honestidad.
–¿Usted me está planteando que convierta a cada ser humano en Noam Chomsky?
–Algo así.
–Y que realicemos diariamente una labor de investigación y análisis de fuentes que nos permita descartar qué es verdad y qué no lo es. Me parece una tarea que exigiría un esfuerzo gigantesco y no diseñado para una sola persona.
–Le estoy planteando la posibilidad de que lidere un equipo que lo haga, que se encargue de liberar de la fabricación de consentimiento a cuantos vivimos en esta sociedad.
–No tengo quizás las capacidades.
–Le ofrezco la posibilidad de que sea usted quien les permita vivir una vida libre de todas las fantasías, en un tiempo que ha convertido la tecnología en una religión bajo la promesa de hacer nuestras vidas más felices, sin saber muy bien a qué se someten o qué aspiraciones van a verse realizadas, o qué van a conseguir comprando un nuevo teléfono móvil, o todos los aparatos electrónicos que han sido creados para alejar al ser humano de una realidad que es necesario soñar de otra manera, para poderla modificar.
–Una acción que exige demasiada responsabilidad y para la que tengo demasiadas limitaciones.
-Eso es lo que le estoy planteando señor Lecomte. ¿No merece la pena el objetivo que le planteo? ¿No merece la pena intentarlo? Le estoy planteando que libere a los individuos de aquellos que aspiran a renovar la ideología de voluntad de poder del fascismo. Le estoy planteando que no deje caer a las clases populares y medias, terriblemente empobrecidas, en manos del Frente Nacional europeo. Eso le planteo.
–En realidad están planteando la idea de actuar sobre la realidad y alterar el orden del mundo a la manera de las antiguas logias masónicas. Ustedes mismos se consideran arquitectos que pueden modificar sustancialmente el orden en el que están dispuestas las cosas que conforman la realidad.
–Lo hemos hecho para que accediera al verdadero conocimiento sobre lo que está ocurriendo. Cada día somos bombardeados con cientos de miles de imágenes que, acompañadas debidamente del texto oportuno, son capaces de producir los efectos y movimientos deseados en los individuos. Cada movimiento, incluso la velocidad con la que son reproducidas las imágenes, el orden en el que han de ser montadas, incluso los imperceptibles detalles para el ojo humano, pero con una enorme carga subliminal, todo está muy bien calculado, dispuesto a la perfección, para ser consumido sin que sea necesaria la utilización de nuestras conexiones neuronales. Más de la mitad del personal que se encarga de la administración de un estado, que forma parte de su organización e instituciones, contribuye, consciente o inconscientemente, a la elaboración de esa historia que existe gracias a la narración coherente y creíble de la que le hablo.
–¿Ustedes mismos forman parte entonces de esa… red de dominio narrativo?
–De alguna manera sí. Pero en nuestro caso nuestro objetivo es hacer que cada uno de los individuos recupere las herramientas para construirlo, para reconstruir el mundo según su aleph.
–Pero sus intereses como arquitectos de la realidad será, al fin, imponer su propia arquitectura…
–Carecemos de las capacidades y recursos de un estado, pero sí. Queremos imponer la libertad del individuo, una libertad narrativa, la capacidad para dramatizar su propia vida, para leer la realidad según sus propios valores y pueda vivirla según su primer sefirot.
–Cuénteme algo más sobre los métodos de los estados y de sus capacidades.
–Los servicios de seguridad del Estado, los servicios de información, las agencias dedicadas a la obtención y fabricación de inteligencia, todas ellas vienen aplicando los mismos métodos, la elaboración, la fabricación del consentimiento, preparando a sus individuos para llevar a cabo la siguiente acción. No hay ni un solo estado, ni europeo, ni americano, ni asiático, ni africano, que no ponga recursos materiales y humanos a alcanzar el objetivo de mantener una verdad única para que todos los ciudadanos contribuyan con su actividad y trabajo a que la realidad sea profunda y sinceramente verosímil, creíble y duradera y todos los individuos trabajan en la misma dirección.
–¿Y yo soy su escritor? ¿Soy el escritor que su organización está buscando?
–Uno más.
–Quiere que liberemos a los individuos de nuestras sociedades a través de los mismos métodos que los estados y organizaciones contra los que usted y la Organización me están haciendo creer que luchan.
–Sí, a través de la palabra que lleva en su interior, su aleph, su primer sefirot y que adquiere sublimación a través de la corona, el keter.
–Pretende hacerme creer que combaten la fabricación de consentimiento y la manipulación a través de la propia manipulación.
–Necesitamos hacer creer a los ciudadanos que es posible esa transformación. Sin esa creencia no nos va a ser posible cambiar. Sin la creencia en la posibilidad del cambio no se va a producir, no vamos a crear los mecanismos necesarios ni a generar en las personas la ilusión de que ese cambio es posible y que está a punto de suceder solo si ellos intervienen y lo creen como si fuera un mito, una creencia, una fe en una religión.
–¿Y contra quienes nos enfrentamos?


En la entrega de mañana el esc ritor descubrirá por qué ha dido contratrado por la Organización y qué espera de sus capacidades como escritor.
Volver arriba
Newsletter