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Generación Duralex

CULTURASIR

Cuidado aquí, Duralex a lo fino, con ondulaciones por las afueras para que no se resbalara entre las manos. Ampliar imagen Cuidado aquí, Duralex a lo fino, con ondulaciones por las afueras para que no se resbalara entre las manos.
Toño Morala | 08/01/2018 A A
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Generación Duralex
Reportaje Son mucho más que unos platos, unas tazas o unas copas, son el signo de unos tiempos marcados por pequeñas cosas, por los cristales que no se rompen, duralex, el acero del vidrio
Ahora que ya han pasado estas fiestas de Navidad, hay que ir recogiendo… Si les cuento el porqué viene a cuento estas líneas, no se lo van a creer; la cuestión es que la pena de aquel otoño pasado de tanto calor y sequía en estas tierras tan sufridas y dolidas, tan trabajadas y tan llenas de esperanzas varias que jamás van llegando… pues uno, que además le duele siempre la vida y el silencio y la desidia, se le ocurrió ir a ver un pantano muerto de sed, y vivo de lágrimas de nostalgia de ver sus tripas al aire desde la vieja carretera, que a pico y pala y con ayuda de mulas y viejos inventos a vapor, fueron abriéndose paso para la llegada y la salida de mujeres y hombres que nacieron entre el verde más verde de los valles del olvido… y allí, en aquellas entrañas que tanta vida albergaron, la mirada se volvió pálida como la cara de un niño; aquellos niños que sufrieron la fiebre maldita de aquel “progreso”; y lentamente, con la misma mirada retorciéndose entre la tristeza, de un lado a otro, y sin perder comba, iba observando la calamitosa mirada de las cosas dejadas; y entre viejos muros, casas derruidas, torres sin campanas, cementerios huidos de almas, y enseres, muchos enseres que se quedaron en la inmensa cuneta del olvido. Cucharas oxidadas, sartenes de hierro, baldes y cubos de zinc, hasta una vieja palangana de porcelana rota, y un orinal, y… un viejo plato de Duralex, como aquellos que teníamos en los años sesenta y setenta en las casas de nuestros pueblos y de los barrios obreros. Un jodido plato de aquellos con ondulaciones por las afueras, -gran invento para que no resbalaran entre las manos-, aquellos que eran transparentes, aquellos que para llenarlos, había que trabajar todo un día largo y con gran esfuerzo, y de ahí, hoy salen estas líneas que no quieren llegar ni a la nostalgia, ni a nada parecido. Y por los adentros de esta cabeza que cada día está más asustada y débil, pasaron los pensamientos, -intuyo normales-, de lo que habrá sido de aquellas buenas personas que comían en ellos, qué habrá sido de la madre y abuela que los llenaban con la cacilla, y que luego los fregaban en los baldes de zinc… me vino a la imaginación la de sonrisas que salieron de aquellas casas de piedra, la de lágrimas que se vertieron y ayudaron a llenar los pantanos para el bien común; ese bien, que se ha convertido en el bien de unos pocos, y las desgracias de la mayoría.

Pero hay que volver al duralex, al arcoroc, al arcopal… y a otras marcas que se quedaron en el camino de la modernidad y que ayudaron a llevar mejor la vida, sobre todo la de las mujeres que eran las que preparaban las comidas y fregaban los platos, generalmente… cuidado, que también hubo hombres en aquellas épocas que también lo hacían, y de maravilla. Pues anda, que pasar de aquellos platos de madera, las escudillas, los platos de loza caros y pocos, al famoso duralex, tela marinera, menudo avance. Y lo bien que se fregaban y secaban en aquellos escurreplatos de materiales varios que se ponían encima de las trébedes de aquellos azulejos blancos como la nieve. Y llegaba un invitado, y se sacaba el vaso de duralex o arcopal, o los pocillos para el café, o aquellas tazas de desayuno para los chavales y abuelas para la merienda con lo que hubiera. -¡Vete al súper y trae estos mandados… y que te den los puntos para los platos de Duralex, no se te olvide…! De aquella manera, se iba haciendo una vajilla de duralex o arcoroc, poco a poco… primero los platos hondos o soperos, luego los llanos, luego los de postre, luego los vasos -bueno, algunos también traían la Nocilla dentro-, los pocillos para el café, las tazas del desayuno, las jarras para el agua, los cuencos… y así hasta completar en más de dos años una vajilla tremenda; dependía de las compras del personal. Ibas pegando los puntos en la libreta, y cuando la tenías completa… a por aquel majestuoso menaje.

Duralex debe su nacimiento al grupo Saint-Gobain, vidrio templado de patentes industriales. Desarrollado en 1939 en la planta de la capilla de Saint-Monín, allá en la Francia. El proceso de templado hace que el vidrio sea prácticamente irrompible y transparente, perfectamente claro y duradero. Desde su creación, el conocimiento y la experiencia del personal, dio a la marca una reputación internacional con sus vajillas irrompibles y una elegancia atemporal. Hace más de 65 años, Duralex debe su historia a los trabajadores que diariamente se turnan constantemente para asegurar un control sin precedentes en sus hornos, produciendo millones de productos vendidos cada año en más de 100 países. La aventura industrial no es lineal. Duralex no es una excepción. El perfumista Coty compra una fábrica de vidrio en 1930 para producir sus botellas. La industria de la fundición de Saint-Gobain Pont-à-Mousson cristalería, la compró en 1934. Un capital puesto en manos de una revolución tecnológica llevará a la compañía a un desarrollo de vidrio templado. Desarrollado en 1939 en la planta de La Chapelle-Saint-Memín, el proceso de enfriamiento basado en la aplicación de un choque térmico de enfriamiento brusco en la materia incandescente, para dar una resistencia del vidrio excepcionales, dos veces y media mayor que la del vidrio tradicional. El vidrio así obtenido, será utilizado en la fabricación de los parabrisas, jugará un papel importante en la seguridad vial, garantizando los pasajeros en caso de impacto, que el vidrio se rompa en mil pedazos, ninguno de los cuales cortará. La de cosas que se han hecho con el Duralex. El vidrio templado, que es prácticamente irrompible tomará la forma de la copa emblemática «Agrupamiento» en 1946. Los años 1960 y 1970 estuvieron marcados por una importante expansión de la marca. Para muchos de nosotros, Duralex es un nombre mágico que le dice al niño a través de los pequeños números grabados en los vidrios de la cantina, con los que hemos jugado todo el tiempo para una comida. Pero también es mucho más... La historia de la marca Duralex y de las generaciones de estudiantes, recordarán la presencia de estos vasos en la vida cotidiana de una manera lúdica, con el número de molde 1 a 48 incrustado en el fondo. Había nacido una leyenda. Hoy más de 250 referencias y 4 colores diferentes, conforman el Duralex de suministro, desde tazas a la placa, a través de los cuencos y otros accesorios de mesa. En 1997, la italiana fabricante de vidrio Bormioli Rocco adquirido Duralex.

En mi casa, se usaban los «blancos»; supongo, que a mi madre le parecerían más «esclarecidos». Creo recordar que mi tía los tenía color ámbar y lo cierto es que los verdes, eran muy localizados en muchas casas cercanas. Conste, que todavía andan por el pueblo y por casa, algunos modelos mezclados entre colores y modelos, pero eso sí, duralex y arcoroc… y ahí siguen. Muchos crecimos entre ellos… bien tomando papillas, las sopinas y lentejas y garbanzos en estos adorables platos de cristal más duros que el acero, y no hablemos de los “colacaos” en las tazas y vasos a juego. Eso de que si se caían al suelo no se rompían no lo tengo muy claro, porque la vajilla de mi abuela no pasó a otra dimensión paralela, yo rompía platos como churros. Los míos eran verdes, mis favoritos; conseguí proteger un par de platos que eran los únicos que usaba por lo menos hasta los 20 años. Luego los heredó el gato de la vecina. Aunque mi abuela tenía un juego completo de color verde y de color ámbar; por cierto… ¿De qué color eran los vuestros?
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