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Gafas, lentes y anteojos

Gafas, lentes y anteojos

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Toño Morala | 25/06/2018 A A
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Gafas, lentes y anteojos
Reportajes Aquellas primeras lentes fueron una revolución y aún hoy sorprende pensar qué hubiera sido de la humanidad sin este invento, qué hubiera sido de nuestra parte más espiritual
Aparentemente a lo cotidiano y del día a día, apenas le damos importancia. Inventos que ayudaron y mucho a que la humanidad fuera avanzando lentamente hasta la primera Revolución Industrial, pero muy rápido, en el siglo XX en lo referente a tecnologías diversas y otros medios que abarataron costes y que mucha más gente pudiera tener acceso a unas simples gafas, por ejemplo. Aún recuerdo a mi querido abuelo con aquellas gafas de pasta y cristales tirando a gruesos para ver de cerca; la presbicia en la gente de mediana edad, hacía estragos, sobre todo en aquellas personas que tenían inquietudes literarias o artísticas y que esa dolencia les dolía también en el corazón. Sí es cierto que mucha población no sabía leer ni escribir, pero ello no era una cortapisa para que muchas buenas gentes tuvieran los medios adecuados para, bien aprender las dos cosas, o simplemente, para ver curiosidades pequeñas, y no hablemos de las mujeres para enhebrar las agujas y otros añadidos, que andaban las abuelas y madres detrás de nietos e hijos para que se las enhebráramos los rapaces. Pero lo más curioso era lo de firmar; uno era casi analfabeto, pero el nombre lo ponía como le había enseñado alguien… muchos mayores, achacaban su mala letra y otras cosas a la perdida de vista como excusa ante los escribientes o notarios, directores de bancos, médicos… y un largo etcétera, qué tela. También recuerdo a los relojeros con aquella lupa, o a los médicos con la lámpara y la lupa en sus consultas.

Las gafas, qué gran invento para la vida. Pero no todo ha sido fácil en la historia de esta maravilla; no todo ha sido del color de los cristales con que se miraba, ni mucho menos; la historia nos cuenta cosas impresionantes, o cómo se comenzó con pequeñas lentes, para llegar al día de hoy, donde unas lentillas y algunas operaciones simples, te devuelven la vista como cuando eras un chaval. No hay reparos ni peros en la larga trayectoria de este artilugio; al contrario, todo son alabanzas y fidelidad, todo es como que siempre han existido, pero poca gente le damos la importancia que realmente han tenido a lo largo de los años.

La creencia general es que las lentes para mejorar la visión fueron inventadas en Italia durante el siglo XIII y que el telescopio fue una idea de Hans Lippeshey, perfeccionado en 1609 por Galileo. Pero existen pruebas, según los expertos, que nos hablan sobre el uso de estos artefactos muchos siglos antes de Cristo. La primera referencia escrita la encontramos de la mano de Aristófanes, que narraba en su libro “Las Nubes” (424 a.C.) cómo Strepsiades usaba una lente para concentrar los rayos del sol, y así poder borrar la anotación de una deuda grabada sobre una plancha de cera. Ptolomeo, que vivió entre los años 100 y 170 a.C., redactó una completa obra sobre las propiedades de espejos y lentes cuando se les daba formas determinadas, cóncavas y convexas. Resultaría extraño explicar cómo Demócrito pudo describir la Luna como “un lugar con montañas, igual que la tierra”, así como afirmar que la Vía Láctea es un inmenso conglomerado de estrellas, si no contaba con algún tipo de instrumento, por rudimentario que pudiera ser. Según nos relató Séneca, los babilonios ya conocían la existencia de los cuatro satélites mayores de Júpiter, además del anillo de Saturno (al que llamaban Nirrosch). Nos cuenta que para observar objetos distantes, usaban esferas de vidrio rellenas de agua. Existe un curioso objeto conocido como la lente de "Layard” o de “Nínive", una pieza tallada y pulida de cristal de cuarzo, del mismo tamaño que el cristal de unas gafas actuales y con muescas de 45º en el borde, quizá para adaptarlos a una montura. Esta lente, diseñada para corregir un cierto tipo de astigmatismo, se exhibe actualmente en el Museo Británico, en la sección de antigüedades de Asia occidental y data nada menos que del siglo VII a.C. Fue encontrada en el palacio de la antigua capital asiria de Nimrud, y se piensa que debió pertenecer a Sargón II.

Mucho más atrás en la historia, nos encontramos con las 48 lentes pulidas que rescató Heinrich Schliemann de las excavaciones arqueológicas de Troya (en la actual Turquía), todas ellas fabricadas aproximadamente en el siglo XIV a.C. Incluso una de ellas presentaba un orificio en el centro para que el artesano pudiera introducir sus instrumentos, pudiendo trabajar así de manera más precisa. Tiene su cosa la historia. Aunque, sin duda, la palma se la llevan las encontradas en diversas ruinas de Guatemala y México pertenecientes a los Olmecas, cuya civilización se desarrolló allá por el 2500 a.C. Aunque hoy en día no sabemos cómo o por qué se produjo un declive tecnológico en las civilizaciones antiguas, propiciando el olvido de estos y otros muchos artefactos. Como se suele decir, “las ideas nuevas no son más que ideas viejas puestas en otro lugar”. La invención de las gafas está íntimamente ligada al descubrimiento y evolución de las lentes. Así, la lente más antigua datada es la lente de Nimrud, de la antigua Asiria, que cuenta con más de 3.000 años. No se conoce con exactitud cuál era su fin, pero se cree que se usaba como lupa, o para encender fuego.

Lo cierto es que el origen de las gafas resulta bastante oscuro. Algunos investigadores afirman que se crearon poco después de la traducción al latín en el siglo XII del libro ‘Tesoros de la óptica’ del matemático árabe Ibn al-Haytham.

A pesar de todas estas imprecisiones, existe la certeza de que las gafas se inventaron a finales del siglo XIII, como demuestran numerosas manifestaciones escritas y pictóricas de la época. En 1289, el escritor italiano Sandro di Popozo afirma en su obra “Tratado sobre la conducta de la familia” que las gafas “han sido inventadas recientemente en beneficio de los pobres ancianos cuya visión se ha debilitado” (entre los que se encontraba él). En Florencia, en 1299, se menciona el uso de las gafas como remedio para mejorar la vista en el libro “Liliban Medicinae”. En 1306, el fraile italiano Giordano di Rivalto afirma en un sermón realizado en Florencia que “todavía no hace veinte años desde que se descubrió el arte de fabricar cristales para los ojos, una de las mejores artes y de las más necesarias que haya en el mundo”. En la iglesia de San Nicolás de Trevisa encontramos el retrato del cardenal Hughes de Provence realizado por Tomaso da Modena en 1352. En 1480 Domenico Ghirlandaio pintó el cuadro de San Jerónimo, convertido posteriormente en el patrono de los constructores de lentes. Estas primeras gafas tenían lentes convexas y estaban destinadas a personas ancianas con presbicia. En aquellos tiempos, las lentes no se fabricaban a medida puesto que no existían métodos para medir la visión del ojo, sino que cada persona se probaba varias en el taller del artesano y elegía la que mejor le iba. Las gafas estaban hechas con un par de aros de hierro, cuero, plomo, cobre o madera, unidos por un remache. Pero resultaba difícil mantenerlas en su sitio, puesto que las patillas rígidas no se inventaron hasta 1727, por el óptico londinense Edward Scarlett. A mediados del siglo XIV los italianos comenzaron a llamar a las lentes “lenticchie” (lentejas) por la semejanza de la forma de los cristales con estas legumbres. La invención de las gafas de sol también es muy antigua, pero esa es otra historia... Debemos este accesorio formidable a los chinos que en 1430 concibieron el primer par de lentes de sol cuyos vidrio teñidos fueron destinados a esconder la mirada de los jueces en el momento de algún proceso penal. Una invención audaz, evolucionó para hacerse un accesorio protector contra las malas acciones del sol sobre nuestros ojos. No fue sino hasta 1752 que salieron a la luz los primeros lentes de sol. La inversión corrió a cargo del inglés James Ayscough; comenzó a experimentar; cubrir las micas de los lentes no para cuidar la vista del sol, si no para mejorar problemas de la vista. Como nota final… la primera óptica de León la abrió Miguel Vidal Ferré, en 1917, una óptica-joyería en la calle que unía la catedral con la estación (OrdoñoII). “La Gafa de Oro” fue una de las primeras ópticas y tiendas de fotografía de la ciudad de León, que abrió sus puertas el 12 de diciembre de 1925. Y hay que recordar, que las cosas cotidianas y de casi uso generalizado, hay que darles la importancia que se merecen, las gafas… qué gran invento.
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