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Fuente de Oliva, todos a una

Fuente de Oliva, todos a una

EL BIERZO IR

Detalle de un mapa histórico de la Provincia del Vierzo, 'con V'. Ampliar imagen Detalle de un mapa histórico de la Provincia del Vierzo, 'con V'.
Valentín Carrera | 23/11/2020 A A
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Fuente de Oliva, todos a una
Lo pequeño es hermoso [Opinión] Lo que debemos reconsiderar es el sindiós de los límites territoriales heredados del Antiguo Régimen, incluida la provincia del Bierzo, creada en 1822,efemérides de la que pronto se cumplirán 200 años
Voy a dejar claro que si Fuente de Oliva quiere, puede pertenecer a Galicia, a León sin Castilla, al Bierzo sin Castilla y sin León; o a Portugal, si le peta. Si en España hay 26 enclaves —a los que Ramón Carnicer dedicó un libro precioso, Viaje a los enclaves españoles—, no hay impedimento histórico, jurídico ni paisajístico para que Fuente de Oliva sea el enclave 27.

La Dehesa de San Llorente, enclavada en la provincia de León, pertenece a Valladolid, igual que Roales y Quintanilla, que están entre León y Zamora; o la Rebolleda, que está en Palencia, pero pertenece a Burgos. El más grande de los enclaves peninsulares es el Rincón de Ademuz, siete municipios de Cuenca y Teruel abducidos por la Comunidad Valenciana; por no hablar de los disparates de Ceuta y Melilla —enclaves de España en territorio de Marruecos— y Gibraltar Unido, clavado como una chincheta en el culo del Imperio español desde 1713.

Lo que debemos reconsiderar es el sindiós de los límites territoriales heredados del Antiguo Régimen, incluida la provincia del Bierzo, creada en 1822 —efemérides de la que pronto se cumplirán doscientos años, para cuya celebración algunos ya están planchando los pendones y estandartes—.

Nuestra efímera libertad como provincia, la del Bierzo —entonces escrito Vierzo—, fue fruto del Trienio Liberal, tras el pronunciamiento de Riego, que obligó a Fernando VII, el Cenutrio, a jurar la Constitución de Cádiz. Fue, por tanto, una provincia liberal, masónica, progresista, la única del Noroeste —junto con Galicia— que en 1823 se mantuvo fiel a la Constitución, tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis, que restauró el Absolutismo. La depuración que hizo el Cenutrio al comienzo de su Década Ominosa incluyó la suspensión inmediata de la provincia del Vierzo, entre otras medidas, como la cárcel o el exilio para la inmensa mayoría de los científicos e intelectuales ilustrados; y la creación de las Junta de Fe, sucedáneo de la Inquisición.

Dicho de otro modo: nuestros tatarabuelos fueron provincia con personalidad propia gracias a un gobierno liberal y progresista —un verdadero gobierno bolivariano, pues entonces Simón Bolívar sí era el perejil de todas las salsas—; un destello de luz en el oscuro túnel del feudalismo que conduce desde los Reyes Católicos hasta la Constitución del 78. Cinco siglos colonizados y un año en libertad provincial, en pie de igualdad con Lugo, Burgos o La Rioja.

Toda esta historia —agua pasada no mueve molino, pero ilumina— ilustra la tontuna de mantener en el siglo XXI divisiones provinciales, autonómicas y estatales que no responden a ningún criterio de eficiencia o racionalidad; rayitas que Google y Amazon se pasan por el forro, mientras el viejuno funcionario pide el DNI y la cartilla de racionamiento COVID para depositar no sé qué basura en el punto limpio.

Hemos heredado, sin ningún debate democrático, una provincia decidida por el Absolutismo de aquel Borbón perjuro, violador y ladrón —Fernando VII—, y durante dos siglos nos la hemos comido con patatas. Dos siglos de decisiones vitales sobre nuestra vida, desarrollo, futuro, comunicaciones, industrias y demás asuntos de importancia, que se han tomado una y otra vez fuera del Bierzo, desde el trazado de la carretera nacional y el ferrocarril, hasta los permisos de explotación minera, pasando por la instalación de una térmica.

En esta inercia seguimos; y de ello se quejan amargamente los cinco vecinos de Fuente de Oliva, ese rincón del paraíso donde Herrera perdió el mechero hace 15 años y nunca volvió a buscarlo. Todo El Bierzo es Fuente de Oliva: miles de fuenteoliveños nos quejamos de ser la última caca feudal; ciudadanos de tercera, y aún de cuarta categoría, sin derecho —no digamos a teléfono móvil y ancho de banda normalito— a ambulatorio, ni médico, ni transporte público, ni pescado fresco, ni farmacia cerca; sin ningún alcalde que ponga luces navideñas, sin una triste misa dominical, sin biblioteca ni gimnasio, sin discoteca ni taberna. Ancares vaciado, Fornela silenciosa, Oencia desierta, La Cabrera ausente, El Bierzo vacío, gobernados a control remoto desde la metrópoli con sede en Valladolid.

Todos somos Fuente de Oliva, dirigida con el mando a distancia: “¿Qué te parece, presidente, si ponemos allí un parque eólico, les damos una pasta para que se callen, como en la Montaña Central Leonesa, y mandamos a Calleja a hacer una ruta pintoresca? Con un millón de euros, lo arreglamos, presidente”.

Quizás esta es la solución: crucificar cien molinos de viento en Ancares, untar a cuatro juntas vecinales para que asfalten el camino al cementerio, que es el más frecuentado, y seguir haciendo caja para las multinacionales del ramo, que son las que mandan.

Es tal la distancia mental desde los despachos de Valladolid hasta Ancares y El Bierzo, que llega antes a Fuente de Oliva un paquete de Amazon que una ambulancia de la Junta.

Como el burro que se murió cuando ya había aprendido a no comer, los vecinos de Fuente de Oliva —acostumbrados al desprecio político— han descubierto que pueden prescindir de la Junta mañana mismo, y seguir muriendo sin notar la diferencia. Entonces, ¿por qué no convertirse en un enclave de Lugo o de California?

Siguiendo su ejemplo, todo El Bierzo debería hacer un referéndum y convertirnos en enclave de Suiza; o de Bután, que es el país de la felicidad. Peor que ahora no vamos a estar; si nos libramos de la collera de Mañueco y sus mariachis, solo podemos mejorar.
¡Fuente Olivuna, todos a una!
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