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Huba, de 20 años, yace en una cama del hospital mental Doctor Hebab de Mogadiscio (Somalia). | JM LÓPEZ Ampliar imagen Huba, de 20 años, yace en una cama del hospital mental Doctor Hebab de Mogadiscio (Somalia). | JM LÓPEZ
Bruno Marcos | 29/01/2019 A A
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Fotografía El fotógrafo leonés JM López inaugura este miércoles (19 horas) en el Museo de León la exposición ‘Mujeres en conflicto’, una muestra patrocinada por la Junta de Castilla y León, la Fundación Jesús Pereda de CCOO y Caja Rural
El primer día en la clase de fotografía de la Facultad de Bellas Artes el profesor, Víctor Steinberg, nos contó lo que le ocurrió al comenzar a trabajar en la prensa. Creo recordar que dijo que tenía muy pocos años, diecisiete tal vez, y que el periódico de Buenos Aires en el que había entrado, prácticamente de aprendiz, le envió a cubrir un partido de fútbol. Por el camino se encontró un accidente de coche. Una chica muy joven había quedado muerta tendida en el asfalto. Sacó fotografías del suceso y al volver se las enseñó al director del periódico y este le recriminó no haberle levantado la falda a la muchacha para que la fotografía resultante hubiera tenido más morbo.

A veces le vimos traer hojas guillotinadas de libros pertenecientes a su biblioteca personal que destruía para poder enseñárnoslas en un proyector de opacos. Una de esas páginas tenía una fotografía de la primera guerra mundial en la que aparecía un esqueleto abandonado con el casco prusiano en un barrizal. Aseguraba él que aquella imagen, que apenas nos impresionaba entonces, había tenido un impacto brutal en la opinión pública de la época que enviaba a sus hijos al combate pensando que aquello era un campo de honor.

Lo que la fotografía ha supuesto para la humanidad está aún por valorar adecuadamente. El tiempo y el espacio han sido acortados por ella. La pobreza visual de toda la historia hasta que Niepce consiguiera, en 1826, fijar una imagen es colosal. No tenemos imágenes de nada, estábamos en una casi total ausencia de ellas, sólo el arte las producía y qué pocas y a quién llegaban.

Un puñado de obras maravillosas de la historia del arte resumen siglos, unos cuantos cientos de esculturas, de pinturas prodigiosas, representan miles de años concretados en unas pocas formas. La fotografía fue una revolución no del arte sino de la imagen y de la verdad.

Una buena ración de verdad nos administra la exposición que ahora se abre en el Museo de León en la que el fotógrafo leonés José Manuel López nos muestra lo que no se ve, los lugares donde nadie entra, los sitios peligrosos donde el sufrimiento se concentra. Ahora, aunque naveguemos en miles de imágenes cada día, aunque llevamos centenares en nuestro teléfono móvil y las desechamos, no abundan las imágenes verdaderas. Este fotógrafo ha seguido cazándolas, introduciéndose en el centro del dolor: Afganistán, Irak, Palestina, Irán, Kosovo, Haití, Guatemala, Venezuela, Siria, Somalia, Argentina, Ucrania, Chipre o Sudán entre otros. Siempre retratando conflictos sociales e injusticias y pensando que su trabajo puede ayudar a mejorar la vida de las personas.

Ya lo dije otra vez: las fotografías de JM López son algo más que fotoperiodismo. La composición, el encuadre, el motivo, el tema y la luz oscura, constituyen una mirada especial que se desplaza por la realidad sin efectismo, renunciando a la excesiva nitidez, con una mezcla de piedad, aceptación y rebelión triste, produciendo una alianza humana a través de la imagen.

Mis preferidas son aquellas en las que se registra lo que vio cuando se fue a un manicomio abandonado en el casco antiguo de Alepo, en tierra de nadie, entre los dos frentes, los pacientes solos sin cuidados de nadie. Allí plasmó algo que recuerda a las pinturas negras de Goya pero que está extraído de la realidad y no de la imaginación, con sencillez y humildad.

También me gustan especialmente aquellas en las que se veía un agujero hecho en la pared de un hogar cualquiera por el cual un francotirador metía el cañón del fusil, paredes que conservaban un delicado papel pintado cubriéndolas o un cuadro con un tranquilo paisaje fluvial, alegoría perfecta de la guerra, del paso de la paz cotidiana a la violencia.

En el caso de esta exposición ha reunido imágenes de la mujer en diferentes conflictos por los que ha caminado, madres con hijos muertos o desaparecidos, amas de casa que han visto sus hogares destruidos, quemados y saqueados, mujeres indígenas sin más horizonte que la pobreza y la exclusión, adolescentes vendidas como esclavas sexuales, violadas como parte de la estrategia de guerra, chicas obligadas a ocultarse bajo vestidos fantasmales, situaciones que muchas veces continúan más allá de la firma de los tratados de paz. En todas ellas los tópicos de los géneros se desvanecen para ver mujeres como columnas que sostienen más peso del que físicamente pueden soportar.

Me repito, porque ya lo escribí en otra ocasión, pero insistir a veces es necesario: Sus fotografías tienen un gran silencio, una elocuencia muda que deja un poso de poesía en la tragedia, la misma, la gran poesía que tiene la auténtica verdad.
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