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Felipe mete a la Armada Española en el Tren Burra

Felipe mete a la Armada Española en el Tren Burra

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Felipe Fernández delante de una de las reproducciones, el cartel explicativo del San Felipe, «mi nombre», y las herramientas de trabajo.  | MAURICIO PEÑA Ampliar imagen Felipe Fernández delante de una de las reproducciones, el cartel explicativo del San Felipe, «mi nombre», y las herramientas de trabajo. | MAURICIO PEÑA
Fulgencio Fernández | 02/05/2021 A A
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Felipe mete a la Armada Española en el Tren Burra
Artesanía Felipe Fernández Pérez, de 84 años, es un extraordinario artesano de la madera que además siente pasión por la historia de los mejores barcos de nuestra Armada
«Cuando era un niño en Valencia de Don Juan, que allí nací, nada más que llovía salía a la carretera que estaba llena de charcos y me ponía a jugar con barcos de madera rudimentarios que yo me hacía, con sus velas y todo. Así que cuando me preguntas por esta pasión mía por la madera y los barcos no te miento si te digo que es de toda la vida».

Lo recuerda Felipe Fernández, de 84 años, rodeado de las fieles reproducciones de barcos y otros trabajos en madera en su taller de Fresno de la Vega, en las dependencias de lo que fue la estación del histórico Tren Burra. Lamenta esta pandemia que estamos viviendo pues «no puede venir gente a aprender, a que les enseñe, algunos son muy buenos y lo que más me gusta es contarle mis secretos a gente que va a ser mejor que yo». Es absolutamente sincero pues le avala el hecho de que lo lleva haciendo años y saber que su gran sueño sería que «estos trabajos, sobre todo la colección de los mejores barcos de nuestra Armada, pudiera estar recogida en algún sitio y, sobre todo, que los chavales pudieran aprender historia con ellos, se entiende todo mucho mejor, viendo el barco, su historia, hasta el lugar exacto donde murieron grandes marinos, como el Almirante Churruca, en el San Juan Nepomuceno, que aquí lo tengo».

Pero ya llegaremos a nuestra Armada, a sus almirantes, a la triste batalla de Trafalgar que, ciertamente, Felipe te cuenta como nadie. Regresemos antes a los avatares de aquel chaval de Valencia de Don Juan que botaba barcos en los charcos y realmente iba para peluquero. «Empecé a trabajar de barbero con mi tío y precisamente vine a Fresno para montar la barbería, hace 63 años. Y la monté, pero a mí lo que me tiraba, de siempre, era trabajar la madera y nada más que tuve dinero para comprar una máquina puse una fábrica de muebles».
No le iba mal la fábrica de muebles, «tenía buena mano para ellos, no lo niego» y Felipe fue ampliando negocios. «Abrí dos tiendas de electrodomésticos, una en Valencia de Don Juan y otra en Fresno, que la atendía mi mujer. No nos podíamos quejar, las cosas iban muy bien, se empezó a vender entonces mucho televisor, lavadoras... No te digo más que llegué a vender siete televisiones en un mismo día en un solo pueblo. Estaba en el tejado montando la antena y venía otro vecino y me decía, ‘después vas a mí casa’, y tenía que preguntar quién era pues ni le conocía».

- ¿Y la madera, la artesanía?
- Nunca la dejé, era lo que más me gustaba, pero había que vivir y teníamos seis hijos, que son muchas bocas que alimentar...

En ese momento se acerca a uno de los barcos. «A éste es al que más cariño le tengo, significa mucho para mí, tardé ocho años en hacerlo». Y, tras un silencio que se nota que hay una historia que ‘le toca’, se arranca y habla del pasaje más duro de su vida. «Mi mujer cayó enferma, del riñón, grave, y no había los adelantos de hoy, ni la Seguridad Social. En León no había máquina de diálisis...».

Y Felipe, que acababa de comenzar aquel barco, no iba a dejar de hacer todo lo humanamente posible. «Estuvo ocho años enferma, de hospital en hospital, peleando. Estuvimos dos años en Barcelona, otros dos en Bilbao, yo sólo podía venir los fines de semana y todo pagando, los ahorros se fueron, cuando la niña mayor solo tenía 14 años; se hizo cargo de la tienda con una hermana mía pero era imposible... Y finalmente mi mujer murió. A empezar de cero y con seis hijos, no sabes lo que es eso, verte así. Mi vida fue de mucho trabajo, pero los médicos pueden más que tú; llegué a pagar facturas de más de un millón y un millón y medio de pesetas al mes».

En esa complicada situación escuchó un consejo singular, de un buen amigo. «No sé si conoceréis a don Bernardo, el que montó la Iglesia del Polígono X de León, buen amigo; pues él me dijo, ‘no puedes estar así, tu solo con seis hijos, te tienes que casar, aunque sea con un perro. Y le hice caso, me casé y tuve otros dos hijos; ya suman ocho, que mi vida han sido ellos».

- Y ahora es cuando me encuentro mejor pues los hijos fueron saliendo adelante, me llevo bien con ellos, tengo tiempo y ganas y he podido trabajar la madera, hacer los barcos y otras muchas piezas que puedes ver por aquí.

Y a la vez que habla coge de la pared una escultura de una mujer desnuda... «Mira, ésta la hice toda ela a navaja, yo siempre traigo un par de navajas en el bolso y nada más que cae un trozo de madera en mis manos me pongo a trabajarla. Ésta la ‘pesqué’ un día, estábamos en el río y se enganchó en la cuerda. La posé a la orilla y cuando secó vi que era un trozo de madera muy guapo, cogí la navaja, poco a poco fue apareciendo la silueta... y aquí la tienes».

-¿Qué madera te gusta más para trabajar?
- El nogal. Es la mejor madera, da un color precioso, si te das cuenta todas las maderas de nogal que uso están sin barnizar y sin ningún otro tratamiento. Las frotas y queda un color precioso, y la textura, las vetas...

Por el taller hay otras figuras de mujer, una talla de la Virgen que ha pintado porque no es de nogal, varios escudos de apellidos —«éste es el de Fernández, el mío»— que, explica, «estos eran encargos para ganar dinero, pero también me entretienen», escenas religiosas o cotidianas sobre trozos que sobran de otros trabajos más grandes y otros muchos. Pero cuando se emociona Felipe Fernández es cuando se pone a hablar de sus barcos. «Aquí solo están unos pocos, tendré unos treinta, desde el primer barco conocido  que según leí en tratados de marina era un barco egipcio hasta un barco chino espectacular, con veinte compartimentos estancos para que en caso de ataque nunca se hundiera y, por supuesto, los más importantes de la Armada Española, que fue poderosísima, la más poderosa del mundo, hasta el desastre de Trafalgar cuando pusieron al mando al francés Villeneuve, por influencia de Napoleón, con los magníficos marineros españoles que teníamos: Churruca, que fue capturado en el San Juan Nepomuceno; Alcalá Galiano, al que hundieron su Bahama y él fue un verdadero héroe... mira, aquí exactamente cayó ¿Cómo pudimos permitir una cosa así, con lo que éramos?».

Explica que muchos de estos barcos eran de caoba, hechos en Cuba, «que aquí no teníamos esa madera, con unos tablones grandísimos». Y sigue hablando emocionado de otros barcos cuya reproducción ha realizado con gran fidelidad. «No hago ningún barco que no tenga historia y pongo un pequeño resumen al lado. Mira el San Felipe, que es mi nombre, era un barco de línea de lujo a Argentina, solo había tres en el mundo...».

- ¿Uno especial?
- El Santísima Trinidad, que fue el mayor barco del mundo en su época, también nos lo destruyeron en Trafalgar. Decía Pérez Galdós que era ‘el Escorial de los mares’, hay una réplica en el Puerto de Alicante, como museo con cafetería y todos los lujos, que ya he ido a verlo tres veces... E iría todos los días.
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