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Felipe González torturador de bonsáis o cómo la primera ‘fake news’ es leonesa

Felipe González torturador de bonsáis o cómo la primera ‘fake news’ es leonesa

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Fulgencio Fernández | 24/01/2021 A A
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Felipe González torturador de bonsáis o cómo la primera ‘fake news’ es leonesa
Periodismo Entre 1990 y 1996 se desarrolló en León una curiosa y larga trama novelesca, con la Asociación Libertad para el Bonsai (Albo) que culminó cuando la noticia saltó a la prensa -de Interviú a Tiempo-
Este domingo se celebra el día de los periodistas coincidiendo con la fiesta de su patrón, San Francisco de Sales. Una de las expresiones más repetidas en comunicados, artículos de opinión o felicitaciones diversas es ‘fake news’.

Una de las mil curiosidades que alberga esta provincia es que seguramente la primera fake news nació en tierras leonesas, con seis largos años de gestación que requieren escribir una larga (1.000 páginas) e inédita novela, la creación de una asociación y la contraria para disolver la segunda, los personajes de la novela que salen de ella y cobran vida, el nacimiento de una asociación ficticia... y algo sin tiempo, las ganas que determinados medios tienen a según qué gobernantes que pueden desembocar en una noticia que recogen medios nacionales como Interviú, Tiempo, ABC... y otros internacionales con un llamativo titular: «Felipe González (entonces presidente del Gobierno), torturador de bonsáis», en cuyas primeras líneas se puede leer: «Miembros de la Asociación para la Liberación del bonsái (Albo) han hecho una declaración pública en el sentido de que ‘la práctica del bonsai es una tortura que atenta contra la naturaleza de la naturaleza (sic)».

Era el final. Se había hecho realidad la noticia falsa cuando la expresión fake news no existía. Que la protagonizara González tiene que ver con su reconocida afición a los bonsáis. Después de ver la luz la noticia el ‘padre’ de la trama, Ramiro Pinto, explica: «Aquella lucha inventada se convirtió en realidad. Al decirle la verdad a dos periodistas dejaron de salir noticias y se fue apagando».

Precisamente la presencia de Ramiro Pinto es otra de las claves que explican esta larga historia que lleva dentro una larga novela sin publicar, pocos más se tomarían tal cúmulo de molestias para mantener una trama que se le acabó yendo de las manos.

Explica Pinto el origen: «Entre 1990 y 1996, escribí una larga novela, ‘Conspiración bonsái’. En un principio fue una historia inventada, pero los personajes de la novela decidieron interactuar con su realidad. Pensé: ¿por qué no hacer yo lo mismo y ver qué sucede?». Y reconoce el recordado tejadista contra el pantano de Riaño que «No pude creer lo que ocurrió. Sin querer construí una realidad, que está documentada con noticias de prensa. Se quisieron suprimir exposiciones de bonsáis, etc. La realidad superó a la ficción y luego no lo pude parar, porque hubo gente que se sintió identificada con esa lucha, y al decirles la verdad pensaron que era envidia por lo que se difundió el tema en los medios de comunicación. La verdad es que funcionó espontáneamente».

La novela, inédita, contaba la historia «de un chico que quiso descubrir la verdad de las conspiraciones. La de las masonerías, la mafia, las políticas, incluso de extraterrestres. Descubre una nueva analizando datos de la economía, una trama japonesa para hacerse con el mundo. Pero decide, con un grupo de amigos, hacer una por su cuenta, inventarla a modo de un experimento social, y analizar su funcionamiento».
Es ahí cuando su autor, Ramiro Pinto, ayuda a interactuar al protagonista y «puse en marcha una trama que empezó con una octavilla. Alguien se interesó y anuncié la existencia de una organización y la contraria, aunque ésta la dejé pues entraba gente rara. Yo asesoré al principio, a quienes estaban concienciados del tema y agité indirectamente por detrás».

Acababa de nacer la Asociación para la Liberación del bonsái (Albo) que «defendía a los árboles, considerando el bonsái una tortura a lo natural. Escribí un anuncio en la revista Integral y también envié otro a la revista Más allá sobre la Sociedad Arcana del bonsái, de carácter esotérico, en la que se plantea que hacer enano a un árbol por la mano del hombre permite evolucionar mejor a los árboles porque se adelantan en la cadena de reencarnaciones».

En ese momento Pinto se aparta del proceso pero le deja a su sustituto direcciones y contactos para mantener la historia abierta. «Y siguió. El partido de Ruiz Mateos se interesó y apoyó, la propia UPL planteó no permitir hacer bonsáis con árboles autóctonos, y hasta una feria alternativa de Castellón premió a Albo».

Y en aquel pequeño disparate que era el largo proceso de gestación de no sabían muy bien qué el impulsor de la idea, Ramiro Pinto, se encontró de repente en el otro lado de la trinchera: «Yo participaba en Los Verdes (de los que fue número 1 al Parlamento Europeo) y nos indignó que después de lograr que no se anegara Omaña, ni Vidrieros, con sendos embalses contra los que luchamos, y después de haber participado en muchos temas, tales como potenciar la Ley de Evaluación Ambiental, lograr que el barrio Húmedo fuera peatonal... que una asociación como Albo recogiera más firmas que nosotros, e incluso que mucha gente les pagara cuotas nos causó malestar».
Lo de el monstruo que has creado se le debió pasar por la cabeza.

La conocida afición de Felipe González por los bonsáis, que tenía una colección en Moncloa de más de 100 ejemplares, hizo el resto para convertirse aquella historia novelesca en una noticia, que recogieron numerosos medios, algunos como anécdota, otros con un toque de humor pero sin dudar de que aquella Asociación leonesa, que enviaba con frecuencia carta a los medios de comunicación, eran quienes habían puesto en el punto de mira al torturador de bonsáis.

No podía faltar un final rocambolesco pues los que llevaban el grupo entonces, recuerda Pinto, «nunca aceptaron que fuera un cuento aquella lucha inventada que se convirtió en realidad. Los de Albo creyeron que los japoneses actuaba con dinero de por medio para impedir su acción. Y que la Sociedad Arcana, que no hizo nada, andaba oculta moviendo hilos».

Y Felipe González se enteró por la prensa, que es lo más real del ‘fake’.
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