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Fabero a través de sus esculturas (I)

Fabero a través de sus esculturas (I)

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Carmen Busmayor | 12/11/2018 A A
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Fabero a través de sus esculturas (I)
Arte Carmen Busmayor nos hace un recorrido por las esculturas que pueblan las calles de Fabero, nos cuenta su historia y su significado
No es Fabero un lugar muy escultórico pero tampoco sestea en la ausencia. Existen bastantes obras salpicadas por este pueblo no muy grande. Demos unas paseatas por él. Tal vez nos sorprendan algunos hallazgos felizmente, otros no tanto. Con tal aserto porticó este tímido reportaje iniciado en el ocio estival.

He leído, he escuchado numerosas veces a múltiples personas que un pueblo sin memoria está condenado a repetir sus errores, idea compatible con aquella otra parecida que comunica, declara, pregona, añade que la memoria histórica es el antídoto ante la amnesia de la justicia. En efecto, así es. Sin embargo, debemos comprender, además, que la memoria en cualquier dirección se ve fortalecida, entre múltiples factores, en esta ocasión, con las imágenes proyectadas con amplia generosidad por las esculturas existentes entre los lugareños. Ellas hablan, expresan el sentir, la admiración, el homenaje, la represalia, el repudio, las variadas tragedias de toda laye, las inquietudes, proyectos, reflexiones y amistosos tratos con otros pueblos tal el portugués.

Con tan singular o, a veces, variada mirada proporcionada por las esculturas voy a escribir las venideras líneas. Gracias a ellas (las esculturas) poseeremos un mejor conocimiento y amaremos mucho más o mejor a nuestro pueblo en sus distintos momentos. Dejemos, por consiguiente, que sean ellas quienes se expresen desde su elocuente silencio. En sus particulares ubicaciones en sitios céntricos, por lo común, o aislados por específicas razones ( a mi pensamiento llega el monolito levantado en pleno monte en los Barracones, justo adonde estuvo el campo de concentración así nominado por el pueblo). Dejemos, pues, que sean los seguidores de la Victoria alada de Samotracia, Laooconte y sus hijos o Mercurio cabalgando a Pegaso quienes nos dirijan en este periplo escultural.

Deseo agregar que cuando escribo los presentes renglones estoy intentando llamar a la aldaba invernal para que el frío, buen conservador, asista, refuerce los testimonios debidos a la mano creadora de un reducido grupo de escultores, en total cinco en esta ocasión faberense, cuyos nombres junto con sus obras iré desgranando, aunque ya ahora avanzo que el número escultórico es superior a cuatro, bastante superior.

En fin, abramos las ventanas de nuestros ojos antracita. Nuestros mismos ancestros nos lo agradecerán. Démonos prisa, sobre todo, ante todo en mirar a aquellas obras, que las hay, que arrancan escalofríos. Los días ahora ya duran menos.

Busto de Eloy Terrón

Faberense de 1919, maestro socrático e intelectual riguroso, persona coherente, solidaria, altruista, presidente del Club de Amigos de la Unesco, de la Fundación Primero de Mayo, de CCOO, Hijo Predilecto de la villa con plaza, la de Cultura, a su nombre. Practicó la minería y el pastoreo. Como republicano que era y ejerciendo de profesor en la universidad madrileña fue duramente represaliado junto con Agustín García Calvo, Tierno Galván y José Luis Aranguren. Murió en Madrid en 2002 a causa del mal de parkinson.

La escultura en reconocimiento a los méritos que concurren en la brillante figura de Eloy Terrón fundida en bronce y modelada en barro, se halla en la plaza a él dedicada con antelación, en frente de la Casa de Cultura. Su tamaño duplica el natural con el fin de engrandecer la imagen del único Hijo Predilecto, hasta el momento, de Fabero, se trata de un busto en bronce, dicho queda, complementado con una nota en una placa también de bronce en la parte inferior del pedestal. Textualmente en ella se dice: «Ayuntamiento de Fabero a su Hijo Predilecto». La misma va acompañada por el escudo municipal y fue colocada durante la celebración del XXV aniversario de la Constitución, es decir en 2003. La precitada obra artística ha sido ejecutada por el asimismo escultor faberense Tomás Bañuelos Ramón, el escultor más abundante, según comprobaremos, entre los citados.

Eloy falleció en 2002 en Madrid, pero sus cenizas han sido esparcidas en el monte de Valdeguiza, Fabero.

Estatua del minero


La más grande, voluminosa de cuantas existen en Fabero. Ejecutada por el escultor zamorano Higinio Vázquez, mediante suscripción popular, por encargo del alcalde Manuel Orallo (1965-1977), fundida en la fundición madrileña Codina, preside la Plaza del Minero. Todo un símbolo en bronce dicho minero transgresor por su desnudez al tiempo que tradicional e indicativo de la fortaleza de los trabajadores mineros con su mirada lanzada al mundo, innovadora, desafiante y dulce a la vez. La misma ha sufrido varias ubicaciones o enclaves, siendo el primero el mejor, pues respondía al diseño del artista, sin duda mucho más armónico. En diciembre de 2013, en concreto el día de Santa Bárbara, cuatro, patrona de los mineros, apareció pintada de negro brillante, bituminoso, debido al afán por la limpieza de un operario municipal.

Las manos  de Vicente Moreira Picorel

En realidad la nominación lanzada por mí arriba puede que sea poco acertada. Tal vez la expresión «Nunca Jamás» que expresivamente conforma esta obra escultórica resulte más expresiva. A su creador, Vicente Moreira Picorel, nacido en Langre en 1925, le gustaría más. Puede. Se trata de un alto relieve formado por dos brazos en bronce que desembocan en unas manos abiertas con verdadera desesperación sobre el mapa de España descuartizado por la aviación franquista más un sol que simboliza la democracia. Se halla instalada, desde 2008, por el ayuntamiento faberense en una transitada plazuela ante el edificio de Cruz Roja. En la parte inferior del pedestal en granito sobre el que reposan, en una placa metálica se hallan unas palabras del autor que no tienen desperdicio: «A los hombres y mujeres que empeñaron su vida en la búsqueda de la libertad». En distinto momento vital ha dicho también que había esculpido esa obra para que «los viejos no olvidaran lo que habían hecho y los jóvenes no volvieran a repetirlo nunca jamás». Con conocimiento de causa se manifiesta Moreira, pues él y sus hermanos han sido niños de la guerra en la URSS, hecho que lo traumatizó. Fueron más, muchos más de veinte años de su vida que se pasó buscando los restos de su madre, los cuales halló durante la democracia. Mientras daba clase de dibujo o modelado, estudios adquiridos en la URSS, en institutos de secundaria y trabajaba en el cementerio de la Almudena. Ya con 75 años, en 2001 la ARMH en su segunda exhumación en España, aclaro, la encontró en una fosa común en la zona de Fresnedo. Muerto en 2009 se halla enterrado con los restos de ella en el cementerio de Donado, Zamora.

Tal escultura podía figurar perfectamente entre los monumentos-homenaje venideros inmediatamente, sin embargo, por ser éstos fruto de una tercera persona y el de Moreira Picorel debido al propio homenajeado por el ayuntamiento faberense le hemos concedido este espacio aparte.
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