Hay también colores de la alegría urbana, sigue habiendo heladerías.
Salí una mañana de fiesta y vi colgada de una ventana una sábana inmensa. Tendida en la fachada de aquella casa pobre las dimensiones de la sábana eran incongruentes: no era posible imaginar en su interior una cama capaz de contenerla. Significaba una señal puramente festiva, un lienzo que mostraba al sol toda la interioridad de la casa. Pero la imagen me alarmó, por su extrañeza.
En la explanada de la fiesta, unas máquinas de juegos que no conocía. Todas tenían colgado el mismo cartel: PROHIBIDO DAR PATADAS.
Se duerme a lo tonto. (Oído a un anciano en un café).
Ildefonso Rodríguez
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.