El paseo nocturno por las calles contaba con la actividad guardada de los cines. Cavernas interiores con el haz luminoso que se abría hacia la pantalla, el recuadro de la proyección, ese polvillo finísimo cayendo sobre las cabezas de los espectadores. Desde su exterior el paseante y los que entraron al cine respondían al mismo deseo: soñar despiertos, urdir juntos el sueño común de la ciudad.
Son huecos fijados en el álbum de los antiguos.
Un escaparate vacío,lleno de moscas muertas.
Se le oyó. Al músico vanguardista, ése, el de la improvisación libre y abstracta, se le oyó ir cantando por la calle: Yo sé que este verano te vas a enamorar, te vas a enamorar, te vas a enamorar…
Ése era yo.
lldefonso Rodríguez
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