Él, tan grande, tan humilde, luchador, fuerte y con un corazón de oro, es mi abuelo, ese por el que ir a hacer la compra y pasar por delante de sus galletas favoritas hace que me pare para comprárselas y concederle un antojo consiguiendo así sacarle una sonrisa porque, qué bonito es que sonrías abuelo aunque sea haciéndote cosquillas y ganándome alguna regañina, ya que no te gustan, pero es que, verte y hacerte sonreír es lo más gratificante que hay en esta vida.
Hace años te encantaba llevarme a todos los sitios contigo, fueran rutas, comidas o reuniones. Hoy soy yo la que puede presumir de abuelo y desde aquí darte las gracias por ser el mejor. Tu «renoveira».
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