La singularidad del paisaje volcánico, sus formas rugosas y sus colores variados hacen que sea extremadamente bello. Esto, unido a una gran diversidad de elementos geológicos, fue motivo suficiente para que en el año 1974 fuese declarado Parque Nacional.
Cuando uno camina por el parque tiene la sensación de que se encuentra en la luna. Lo visité en el año 2008 y cada vez que miro esta fotografía me viene a la memoria la voz de mi hija, que sorprendida no dejaba de correr y gritar: «Mami, mami... estamos en la luna».
Fotografía y texto: Julia G. Liébana
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