Paulino es un clásico de los personajes de la Tercia y Arbas, a la que pertenece Viadangos, donde vive y es presidente de la Junta Vecinal.
- ¿Desde cuándo de máxima autoridad, Paulino?
- Uy, tendría que echar cálculos, así de repente no te lo sabría decir. Pero hace mucho...
- Será que lo haces bien.
- O que no hay otro que lo quiera ser; no es ningún privilegio, el presidente de estos pueblos que ahora llaman vaciados es el que hace los recados y las obras...
Y antes de que le digas ningún otro argumento te ofrece él el más convincente. «Y yo encantado, que para eso te presentas al principio. Y por raro que parezca soy de los más jóvenes que queda en el pueblo por el invierno y si puedes ayudar a alguien pues mucho mejor; seas presidente o no».
- Y así matas el tiempo en invierno, que es muy largo en estas tierras altas.
- Muy largo. Y oscurece muy pronto.
Recorriendo el pueblo con Paulino puedes comprobar la preocupación del presidente para que Viadangos ofrezca una buena imagen. Al margen de las letras con el nombre del pueblo —«que es largo»—, parque infantil, numerosas casetas de nidos de pájaros en las fachadas... llama la atención que encuentras un buen número de esculturas, la mayoría hechas en madera, y la mesa y asientos de piedra «más grande de la provincia. Menudo trabajo traerlas».
Entre las esculturas hay una dedicada a la mujer rural —«se llama Celestina», como una vecina—, otra a los pastores trashumantes, ya que Viadangos es el pueblo de verdaderas leyendas del oficio, un Cristo hecho sobre un árbol, un homenaje al Ratoncito Pérez y otra en piedra, La Cruz de la Foiz. «Ésa la hice porque la carretera hasta ese lugar la hicieron los vecinos de hacendera, como homenaje y para recordar que así se hicieron siempre las cosas en los pueblos».
- Es decir, que hay que ayudar al presidente.
- Eso mismo. Bien dicho.