Los personajes del tío Ful: Nardi, el corazón del Polígono X

El día 1 de abril bajó la trapa después de 38 años y 3 meses;nació con los primeros vecinos del Polígono Xy se había convertido en el gran clásico del barrio. Se jubila Nardi

11/04/2026
 Actualizado a 11/04/2026
https://youtu.be/kuWMZ1RxCs8

«Se jubila Nardi el del Olvido» era la frase más repetida en las últimas semanas de marzo. «Se jubiló Nardi» es la frase más repetida desde el 1 de abril cuando el vecindario pasa ante el bar El Olvido y están las trapas bajadas y su famosa terraza sin sillas.  
– Eras el gran clásico del barrio.
– No se si tanto. Abrí en marzo de 1988 y el Polígono había entregado las llaves a los vecinos en enero. Ya había un par de restaurantes pues como seguían las obras hacían falta para que comieran los obreros, e incluso nosotros, que teníamos que reservar con una semana. 
Y, como en el cuento de Monterroso, Nardi ya estaba allí. Recuerda aquellos primeros pasos. «Yo venía de trabajar en la noche y me apetecía algo más tranquilo, pero no tenía un duro y metí cuatro millones, al 22 % que cobraban entonces los bancos. Me tuvo que avalar toda la familia.
– Pero lo fuiste pagando.
– Me lo saqué del cuerpo, más bien. Tenía un camarero, un chaval de 18 años, y durante 13 meses no cerrábamos, las 24 horas abierto, uníamos los últimos noctámbulos con los madrugadores a desayunar. Para la noche alquilaba tres películas en un videoclub que había aquí al lado... había que pagar como fuera.
Durante muchos años, cerca de dos décadas, fue el confidente y tertuliano de las gentes de la vieja La Crónica de León, que se instalaron allí a su lado, también noctámbulos habituales, como era costumbre en la profesión entonces.
– Lo que habrás escuchado con tanto periodista alrededor.
– Ya sabes que los camareros no escuchan nada, forma parte de la profesión. Yo lo que sí hacía era meterme en las discusiones, provocar... 
Recordando viejos tiempos de estudiante, cuando fue compañero de ilustres políticos leoneses, reivindicando su condición de obrero, viendo crecer a Darío y Muna en el parque, que para eso el Polígono era un lugar «sin vistas a la carretera»; y recibiendo el cariño de todos en la jubilación, en la que el Polígono le despidió con un homenaje que habían llevado muy en secreto.

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