Los personajes del tío Ful: Luis, gaitero de afición

La música la llevaba ahí, le gustaba, y la jubilación después de muchos años en Fenosa le regaló a este roblano tiempo para sentarse en un banco y ponerle banda sonora al Rabizo

17/10/2026
 Actualizado a 17/10/2026
https://youtu.be/ndQQPYMqoGM

Cualquier tarde, de buen tiempo, puedes andar paseando por El Rabizo y suena de fondo una gaita. Sigues el sonido, y allí sentado, en medio de la naturaleza, está muy tranquilo Luis, ensayando en un paisaje idílico.

  • ¿Qué hace un gaitero tocando en El Rabizo?

  • Perdón, gaitero no, soplagaitas sería el nombre correcto, que lo de gaitero es muy serio.

  • Demasiada modestia.

  • Realidad, diría yo; me aficioné al instrumento hace pocos años, y acudiendo a clase , un par de años. Y hay gente que lleva casi toda una vida.

Ycuenta cómo la jubilación de Fenosa, después de una vida de trabajo, le dejó un tiempo que a sus inquietudes le venían muy bien y se fue aficionando al mundo de la música y las tradiciones. Al de la montaña ya lo era de antes. Primero con Basi el de Felechas, después Zulima... «Todos caminan por derroteros parecidos. Yo siempre llevo la gaita en el maletero, en verano anduve de vacaciones por Portugal y me ponía a tocar en la playa... Un día unos paisanos se acercaron a llevarnos unas cervezas y nos invitaron a comer al día siguiente. Aunque el instrumento que más tiempo llevo tocando es la flauta de pico, que voy a la Escuela Municipal, en el CHF. A gaita en la de León no puedo ir porque no la hay, que ya podían. A gaita voy en La Virgen del Camino... Y también toco el pandero».

La música, la montaña, las tradiciones ocupan sus días; e ir a visitar a su madre en La Robla, su pueblo. «Que ahí abajo nací, y digo bien, que mno nací en el hospital y después vine, nací en mi casa, como se hacía antes».

Se acercan las ocho de la tarde, es hora de abandonar el Rabizo y acudir a las clases de música, «que algún día tendrás que dar el salto de soplagaitas a gaitero...».

Se ríe. Sabe que ya va dominando ese instrumento que cogió con ganas y en él se mantiene. Nos regala otra canción, «ésta de la Montaña, que de la Montaña somos los dos».

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