Lola cuenta su vida, a veces dura a veces no, con la sonrisa de quien sabe que lo vivido merece la pena; y lo que queda por vivir también pues acaba de debutar como abuela y eso también marca una nueva etapa. «No te lo imaginas si no lo has experimentado».
- Por ejemplo.
- Todo. Verla. Pero te digo un momento, cuando le canto una canción en gallego y se va quedando dormida. Vivir ese momento...
- ¿En gallego?
- Eso te demuestra que el idioma no importa, importa la canción. Me pareció muy bella para ese momento y su gesto de paz me lo corrobora.
(Nota: La canta al final de la entrevista. Escúchala y lo entenderás mucho mejor).
- ¿Y lo de cantar, cómo nace?
- Desde niña. Yo diría que en el pueblo (Laguna Dalga) somos muy cantarines, tenemos un coro de mucha fama en la comarca y yo con seis o siete años ya cantaba con ellos.
- El pueblo que cantaba el recordado Roberto Rey en aquella estrofa de ‘Viva León y provincia, con Astorga y La Bañeza y Laguna Dalga, mi pueblo’.
- Sí, era muy amigo de la familia y aunque no vivió mucho aquí le tenía fe al pueblo.
Ella, Lola Quintanilla, sí ha vivido mucho allí, en aquel Páramo mucho más duro que el actual, anterior a éste de los grandes tractores y el riego. «Trabajé el campo, claro. No siempre la vida fue fácil, cuando era una niña falleció mi madre y me tocó cuidar de mi padre enfermo, y trabajar en el campo. Bueno, aún trabajo pero ya están los hijos y este trabajo ya nada tiene que ver con aquel, por suerte».
Y en medio va cantando y contando, filandoneando con ‘Romanza y mimbre’, que tienen un nuevo libro disco a punto de salir.
- ¿Qué buscas?
- Soy muy soñadora, siempre lo he sido, y algo solitaria. Tal vez por ello he sentido la necesidad de recoger las historias que voy conociendo, de escribirlas... y cantar, ya sabes.