Celia llega a las tres y pico a casa en Quintanilla de Babia y ante la propuesta de grabar ya la conversación o esperar a comer hace una pregunta que puede parecer extraña.
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¿Qué hay para comer?
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Berenjenas.
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Entonces la hacemos ya.
Todo tiene explicación, lo aclara su hermano. «Es que si hubiera espaguetis los comía en un momento pero para acabar las berenjenas os puede tener aquí media tarde».
Celia esboza una sonrisa que le da la razón a su hermano; y eso que salió muy pronto de casa y desayunó a carreras —«para madrugar menos»— y acudir a clase hasta el IES Obispo Argüelles de Villablino.
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¿Se acabó el verano?
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Por desgracia... y con él ir a bañarse en el río aquí en el pueblo o ir a una playa fluvial al pueblo de al lado; estar con mis amigas y mis primas hasta tarde por ahí, las fiestas de los pueblos. Ya se fue casi todo el mundo.
Lamenta la joven babiana el fin de las vacaciones pero se confiesa feliz en el pueblo, al que ha llegado después de que su madre apostara por el teletrabajo y dejara Barcelona para venir a Quintanilla de Babia. En Babia tienen además ganado, perros, gatos, la vida rural, ésa que se puede ver descrita en un cartel del parque del pueblo: «Aquí las pitas andan libres y las gallinas empiezan a cantar antes de que salga el sol... perros, gatos y otros animales pueden andar sueltos, pero eso no significa que estén perdidos o abandonados, etc».
Pero la llegada del colegio también marca nuevas ocupaciones y hobbys —además de estudiar—, que en el caso de Celia son el teatro y el balonmano, deporte en el que va destacando y sigue de cerca, con unas metas marcadas. «Cuando vaya a la Universidad, que imagino que será en León, me gustaría llegar a jugar en el Cleba».
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¿Y de estudiar, qué te gusta?
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La literatura, y escribir; lo que no me gusta nada son las matemáticas, me he tenido que apuntar de optativa a refuerzo de ellas para ver si las saco.
Y se queda con las berenjenas.