Te espera a la puerta de su tienda en la Plaza de los Pueblos de Riaño y se sienta en un banco para hablar, lo que nunca niega. En la conversación te sientes en esa burbuja de paz, que tanto buscó por medio mundo; de sensibilidad, que desborda, y de vida, un vaso que ha apurado en pocos años.
- Gori Didi, vaya nombre para una tienda de ropa índia en Riaño.
- No hay ningún misterio, significa ‘Hermana Blanca’, que es lo que soy cuando estoy en India o Sri Lanka, donde paso seis meses desde hace unos años regento un hotel rural hecho de bambú, para lo que desde hace dos años llevo a mi padre, un hombre de esta montaña, de Cuénabres, antiguo minero en Hulleras de Sabero.
Alicia va desgranando recuerdos y habla de ciudades como Kerala, Karnataka, Goa, Maharastra... «Y Lois, y Cuénabres?»
- Siempre han estado ahí, son el punto de partida y el de regreso, siempre he tenido la mirada puesta en ellos, son mis raíces y mi nutriente...
Y desgrana cómo eran las fiestas de los pueblos, las pandillas, la nieve, la familia y viajar a León para regresar. Trabajó en Everest, tuvo otros oficios... y la vida la golpeó muy duro al morir muy joven su marido, el músico y profesor Diego Pérez, inolvidable para todos los que le conocieron.
«Cada año paso 6 meses en la montaña, atendiendo la tienda de Riaño, y en invierno me voy a Sri Lanka, donde tengo una especie de hotel hecho de bambú»
Y Alicia emprendió un largo viaje de búsqueda, de paz... «No de olvido, él siempre estará ahí, en mi forma de entender la vida, que es la suya... Tengo una nueva pareja que no borra nada de lo vivido, construye sobre ello». Hasta el punto que cuando él falleció Alicia no cobró la pensión de viudedad, no quiso, le parecía...
Y Alicia construyó un enorme puente, entre Sri Lanka o India y Riaño, donde tiene la tienda, y Lois, donde recuperó la casa familiar. Desde el pueblo de la Catedral de la Montaña comenzó a vender artesanía india por los mercadillos de la Montaña, su furgoneta es un símbolo, después llegó esa tienda que no se parece a ninguna otra, no solo por lo que vende sino porque detrás de cada prenda, de las faldas, cholis, anarkalis o trajes rajastanís hechos a mano hay aromas y, sobre todo, una historia.
Que Alicia te cuenta encantada
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