Es un torbellino, un remolino de buen rollo, inquieta, va y viene por la barra del bar Villa Romana en el que trabaja y nunca le falta una frase, una broma para cada uno de los clientes que van apareciendo por la puerta, al margen de saber lo que van a tomar y lo que quieren de tapa.
¿Un huevo cocido , como siempre?
- No, siempre quiero tortilla.
Y ríen los dos pues Lidia ya le había puesto esa tortilla que quería el cliente.
- ¿Los conoces a todos?
- Esto es lo que llaman un bar de barrio de verdad; conozco a más del 90% de los que vienen, sé lo que les pasa, si no tienen trabajo, si vienen del hospital de ver a un pariente...
Y para todos tienes una frase de complicidad, de ánimo, de confidencias. «Es que te voy a decir una cosa; aquí la gente viene buscando charleta, conversación... y lo del vino o el café son solamente la disculpa. No se si no me tendrán que dar el título de psicóloga, que muchas veces es lo que tengo que hacer». En los ratos libres de las tardes de invierno era una estampa habitual ver a Lidia preparando unas oposiciones para Adif, que ya ha aprobado, y no tardando se incorporará a su puesto, en alguna de las diez ciudades que pudieran ser su destino y la inquieta Lidia... «me paso las noches inquieta, buscando piso en todos los posibles destinos. Es que soy así, inquieta»
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Mientras tanto entretiene el tiempo en otros asuntos, como organizar las fiestas de su pueblo, Coladilla, que se celebran este fin de semana. «Ayer cogí el coche y empapelé toda la ribera»... y al hablar de esta ribera del Torío no puede evitar hablar de un problema que le preocupa a ella y a otras muchas gentes de la misma. «Ya que tengo la posibilidad de poder decir algo me gustaría pedir a quien sea, a los responsables, que cuiden este tren de la Feve que pasa aquí al lado, que es fundamental para todos estos pueblos y sin él se mueren aún más».
Dicho queda. Y si todos ponen el entusiasmo de Lidia... igual tiene futuro.