Los personajes de tío Ful: Jerónides, jubilado de Castrovega

Leonés, de sólida formación clásica que inició como alumno de García Calvo. Recorrió España y París, regresó a León, quiso encontrar a aquella niña que se enamoró de él...

21/06/2025
 Actualizado a 21/06/2025
https://youtu.be/MsvD7wz-a9U

Jerónides es uno de esos jubilados leoneses que, en una residencia, pasa tranquilo los días «a sus cosas», entretenimientos que son hijos de una vida errante y una sólida formación que le llevó por muchas ciudades y países. Entre sus aficiones, componer himnos, es autor de varios: uno ‘alternativo’ de León y otro de su comarca natal, Matallana de Valmadrigal; el de su pueblo, Castrovega, o Valverde Enrique.


Su formación clásica va más allá de sus decisiones conscientes pues «me pusieron un nombre de origen griego, sin saberlo, y las lenguas clásicas marcarían mi vida, ya que fui profesor de latín y Griego. Tuve la suerte de preparar las oposiciones con un gran sabio, el zamorano Agustín García Calvo, un hombre que ya está en nuestra historia, era un gran poeta, hablaba latín y griego como nosotros el castellano, fue una suerte conocerlo y ser su alumno».
 

Aprobó Jerónides Lozano las oposiciones, ejerció en Villena, también en Zaragoza, donde obtuvo la cátedra, pasó por Madrid y San Sebastián para ‘desembarcar, en su etapa final en París. «Allí me jubilé, a los 66 años, en el Liceo Español».


Después de unos años en Pozuelo de Alarcón, «pues en Madrid tenía los amigos». Siguiendo los pasos de su maestro Jerónides Lozano también ha escrito, relato y poesía, la letra de los himnos que compuso, reflexiones... «Ahora me cuesta más pasarlo a limpio, corregir; lo de escribir un poema es un momento de inspiración, pero he tenido varios problemas de salud y no puedo estar mucho tiempo sentado». En el tintero tiene otro himno, el de Santa Cristina de Valmadrigal, que se estrenará en las fiestas de agosto. 


A su reciente regreso a León recordó a mucha gente, también algunos amoríos —dice él—y viejos recuerdos. Un día puso por los escaparates un cartel para reencontrar a una joven modista... «Yo vivía en León, era maestro, y ella casi una niña que trabajaba de recadera en Cascalerías, se enamoró de mí perdidamente, pero no la pude tomar en serio pues era una niña. No la encontré». 

Recordando a aquella ‘niña’ Jerónides se emociona hasta las lágrimas. «¿Qué habrá sido de ella?». 

 

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