Las reclusas ‘diferentes’ del módulo 10

Dos de las tres imputadas en el ‘caso Carrasco’, Montserrat González (autora confesa de los disparos) y su hija, Triana Martínez, viven presas desde hace 20 meses en Mansilla

Susana Martín
17/01/2016
 Actualizado a 18/09/2019
Las instalaciones de la cárcel de Villahierro, en la localidad leonesa de Mansilla de las Mulas. | ABC / L.N.C.
Las instalaciones de la cárcel de Villahierro, en la localidad leonesa de Mansilla de las Mulas. | ABC / L.N.C.
La vida no es igual cuando dispones de todas las comodidades del mundo que cuando vives en un centro penitenciario. No deben de parecerse mucho disfrutar de un coqueto ático junto a San Marcos y pasar más de doce horas al día encerradas en una celda de 10,5 metros cuadrados. Que se lo pregunten a Montserrat González, la autora confesa del asesinato de Isabel Carrasco, o a su hija, Triana Martínez. "Esto no es para nosotras", se quejan a menudo.

También en la cárcel viven juntas, sí. Desde hace unas semanas cohabitan en la celda 32 del módulo 10 de mujeres de la cárcel de Villahierro, uno de los más ‘duros’. Algo más cómoda era la vida en el 7, mixto, de donde fueron trasladadas por mal comportamiento. "Ellas se quejan amargamente, quieren volver al otro módulo, donde se vive mejor", cuenta un trabajador de Villahierro, cuya población penitenciaria ronda estos días los 1.050 internos, en su mayoría hombres.

"Ellas se quejan amargamente, quieren volver al otro módulo, donde se vive mejor", cuenta un trabajador de Villahierro Junto a la policía local Raquel Gago (en libertad bajo fianza), madre e hija –Montserrat y Triana– están acusadas de asesinato, atentado a la autoridad y tenencia ilícita de armas. 23 años de cárcel pide la Fiscalía para cada una de ellas. La acusación pública considera que las tres procesadas –ellas y Gago– planificaron un crimen "casi perfecto" que se ejecutó "con la sangre fría de un sicario" y que sólo ‘falló’ por la inesperada presencia de un policía jubilado en la escena del crimen que las siguió y facilitó su detención. "¿Podrá dormir con la conciencia tranquila ese señor, con lo que ha hecho?", soltaba Montserrat en sus primeras semanas de cautiverio a quien quería escucharla. "Nunca nos hubieran pillado".

La actitud de ambas internas, mujer e hija del excomisario de Astorga, "era altiva y caprichosa" desde que llegaron a la cárcel apenas unas horas después de que Carrasco yaciera muerta en la pasarela de la Condesa. "Aun hoy, la madre sigue desobedeciendo e intenta saltarse todas las normas", lamenta una funcionaria. "Yo no estoy aquí para limpiar", recriminó Montserrat a una de las ‘cuidadoras’. A Triana le llaman ‘la princesita’. Las supuestas faltas de disciplina de una y otra, sus "intentos de escaqueo de las tareas" y sus intentos por "encalomar sus obligaciones a otras reclusas que se camelaba Montserrat" en el 7, un módulo de respeto, devolvieron a las dos mujeres al 10, donde ya había estado al principio la madre.

"Se quejan de todo"


"Se quejan de todo, sobre todo la madre, es un dolor", cuenta otro funcionario, que reconoce que Triana "es más modosita y llevadera, se prisioniza mejor". Las dos dicen sentirse "discriminadas" por el "exceso de celo" de algunos trabajadores que parecen haberla ‘tomado con ellas’.

Entre las paredes de los catorce módulos de Villahierro se ha hablado mucho de estas dos presas. Los internos, los funcionarios. Entre quienes tienen mejor relación con ellas, explican que quizá se les ha "apretado demasiado" en algunos casos, como han denunciado desde su defensa, dirigida por el letrado madrileño José Ramón García, conocido por ser uno de los abogados del ‘caso Arny’ y que acaba de lograr la absolución de ‘Ramoncín’ en el caso ‘SGAE’.

Desde Instituciones Penitenciarias el hermetismo acerca de todo lo que tenga que ver con estas dos reclusas es absoluto. "Hay que preservar la privacidad de los internos", alegan. No confirman ni desmienten ni un solo dato.

Otras fuentes solventes constatan que a Triana y Montserrat se les han abierto partes disciplinarios por las causas más diversas: por no recoger un vaso de café en el patio, porque les sirvieron una fruta de más que no les correspondía en el comedor, porque no colocaron los colchones de las literas a tiempo, por masticar chicle (prohibido en prisión)...

El último expediente sancionador que se abrió a la madre está fechado el 30 de marzo de 2015. El último de la hija, el 12 de agosto. Partes, alrededor de una docena, aunque ya están todos cancelados.

Viven en una realidad distinta, nada tienen que ver estas dos mujeres con el resto de las internas del módulo 10 La convivencia con el resto de presas del módulo (las funcionarias también son féminas) no es fácil. Triana llegó a denunciar amenazas de internas que le habrían recriminado ser hija de un comisario relacionado con sus casos. Aunque no ha habido peleas, "viven en una realidad distinta, nada tienen que ver estas dos mujeres con el resto de las internas del módulo 10".

La mayoría viste chándal. "Ellas también, a veces, pero de marca". Choca el atuendo diario de madre e hija: "arregladas, con accesorios... desentonan mucho". A las 8 deben estar listas para el recuento, desayunan y algunos días van a un taller de actividades. Comen a las 13:30, regresan a su celda hasta las 16:30,donde leen, o ven la tele que se han comprado, o escriben cartas (Triana se cartea con algún recluso). Por la tarde, hasta la cena, tiempo para airearse en el patio. Y a las 20:30 vuelven a cerrarles el portón de la celda, que no tiene rejas "pero impresiona". Dentro, una litera, estanterías, una mesita, lavabo, una tele de 19’’ –idéntica a la de cualquier reo que decide comprarla–, sillas, ducha, wc y un ventanuco de 1,20 x 1,20.

Como los demás, reciben visitas, hacen pedidos al ‘demandadero’ y compran en el economato, con un tope de gasto de 80 euros semanales que acumulan en su tarjeta de ‘peculio’ (así, con ‘ele’, lo llaman en prisión). Estos días, los previos a un juicio que se convertirá en el más mediático de la historia de León, madre e hija duermen peor. Montserrat, en la litera de abajo, yTriana suele echar la suya al suelo. Les preocupa el veredicto del jurado popular y echan cálculos de sus condenas comparando su caso con otros muy sonados: "Mira lo de Bretón", compara Triana. La madre suelta su eterno mantra de que "por fin se va a saber quién era Carrasco" y sólo quiere que Triana quede libre. La hija, defiende que ya debería estar en la calle, como Raquel Gago.

"Esto no es para nosotras", se quejan a menudo.
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