Hermética, reservada y agente de policía local

Desde que salió en libertad reside en Madrid, donde aguarda nerviosa el inicio del juicio por un crimen del que se desmarca

I.H.
17/01/2016
 Actualizado a 13/09/2019
La tercera acusada por el crimen de Carrasco a su salida del centro penitenciario de Mansilla en enero de 2015. :: mauricio peña
La tercera acusada por el crimen de Carrasco a su salida del centro penitenciario de Mansilla en enero de 2015. :: mauricio peña
Discreta y reservada, tanto que hasta su vida sentimental resultaba un misterio para su círculo más cercano. Independiente, quizá por obligación, pues llevaba años manteniendo una relación sentimental con un hombre casado. Su círculo de amigas se reducía a un grupo muy escueto vinculado a su hermana y de muchos años. Triana también entró dentro de este reducto. Raquel y ella se habían conocido en Carrizo de la Ribera cuando Gago estuvo allí trabajando de socorrista, antes de entrar a formar parte del cuerpo local de policía, y hace unos ocho años, cuando se reencontraron, la presentó al resto de amigas.

Era policía de Barrio, controlaba los pasos de cebra a la hora de entrada y salida de los colegios y labores similares  Las dos mujeres se veían con asiduidad, vivían cerca y ninguna de las dos tenía ataduras sentimentales. Sin embargo, no parecen asemejarse en el carácter. Raquel es tímida, educada, prudente. Así la describen quienes la conocen y quienes durante ocho meses trataron con ella en prisión. No comprenden que, por amistad hacia Triana, pueda haber llegado a involucrarse en un asesinato. Tampoco sus compañeros de plantilla, que llegaron a decir que Raquel no era capaz de matar a una mosca. Se presume que por su oficio tuviera conocimientos sobre armas y su manejo, sin embargo era policía de Barrio, controlaba los pasos de cebra a la hora de entrada y salida de los colegios y labores similares. No le gustaban las armas y lo pasaba mal cuando tenían prácticas de tiro. Así al menos lo cuentan los que vivían el día a día laboral con ella.

Sabía de los problemas que Triana había tenido con Isabel Carrasco, pero cuando la detuvieron –a ella y a su madre– tras el crimen, Gago calló. No contó que había estado tomando café con ellas apenas media hora antes de los hechos, ni que había visto a Triana mientras Carrasco yacía ya muerta en la pasarela. Tanto fue así que hasta participó al día siguiente, dentro de sus funciones, en el dispositivo de seguridad del funeral de la víctima.

Un día más tarde informaba a un amigo de su padre policía nacional de que el arma homicida estaba en su coche. Tras declarar en sede policial quedó en libertad, pero la jueza consideró que existían tantas contradicciones en su declaración que la envió a prisión, de donde saldría ocho meses después tras recurrir ante la Audiencia. Desde entonces reside en Madrid y aguarda nerviosa y a la vez ansiosa la celebración del juicio convencida de que quedará demostrada su inocencia.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo más leído