Ahora que a todo se le exige ‘maridar’ –desde el vino con el pescado hasta la camisa con los calzoncillos– el bueno de Firmo, el acordeonista de Babia, sin que nadie se lo pida marida con la historia, con la vida y hasta con la tienda que la familia regentó durante décadas en el pueblo.
No me negarás que la histórica báscula de la ya cerrada tienda –sin resortes y de peso exacto– solo marida con vidas como la de Firmo, el acordeonista de todas las fiestas, el paisano de 97 años recién cumplidos que cada día coge el instrumento y sigue practicando en los arrugados pentagramas de aquellos libros que compró en Madrid cuando fue a sacarse el carnet del Sindicato de Espectáculos.
Aunque para espectáculo su vida, su casa, su forma de contarlos ambas –la vida y la casa–, los perros del corral, los siglos de la pila, las corras rojas de la cocina...
Y esas estanterías llenas de cosas de las que Firmo no se quiere deshacer, la báscula, el jabón Lagarto, las zapatillas de felpa, los chanclos, la piedra pómez, el azulete...
– ¿Y lo del peso exacto?
– Contra la picaresca, ya sabes que de los tenderos se sospechaba que tenían la báscula trucada... la zorrería es más vieja que la vida.