El más famoso árbitro de la historia de la lucha leonesa fue Miguelín el de Acebedo, capaz de salir de cualquier entuerto y explicar cualquier situación. Para caídas complicadas, en las que todo el mundo protestaba, tenía una frase: «Es que fue una de esas caídas que vale para todo, para una cosa y la contraria y ni para una cosa ni otra».
Con cual, cualquier decisión era buena... y mala a la vez.
Viene a cuento con la bandera ¿De una cinta de obra? ¿de un acto institucional? ¿para recibir a una autoridad? ¿para despedirla? ¿para los banderines de las fiestas? ¿porque nos da la gana? ¿para honrar? ¿para deshonrar?...
La cosa se ha encabronado tanto que ya es como las caídas de Miguelín o lo que los modernos llamarían doctrina Miguelín. Que convertimos el «vale para todo» en «todo
vale...» para discutir.
Que uno luce orgulloso la bandera a otro le parece mal, que uno la retira de su balcón otro la pone, que uno la pone en su balcón otro la quita del suyo... todo vale para discutir.
Y ya no te cuento si ahora saco a colación aquella canción de «Perdonen que no me aliste / bajo ninguna bandera. / Vale más cualquier quimera / que un trozo de tela triste». Ya está preparada. Vuelve Miguelín.
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