«Volver de allí donde nunca estuve», «regresar a donde no estuvimos», «volver allí donde nunca estuve»... son cosas de poetas, frases y palabras de esas que te hacen pararte y pensar, que es la misión de los poetas, los sabios locos de la tribu, ya sean –además– profesores, pastores o ministros.
Es el mismo dilema que ahora nos plantean las cigüeñas, desnortadas desde que los refranes ya no son leyes sagradas y ni siquiera rige lo de ‘Por san Blas... la cigüeña verás’ pues resulta que ya la ves antes o, más bien, no la has dejado de ver.
¿El cambio climático?, ¿el cambio de hábitos? o ¿el descenso de la maternidad que hace que no les salgan viajes a París?, su destino tradicional antes de inaugurar el aeropuerto.
O, lo que resulta menos poético, ocurría que cuando migraban y pasaban el estrecho les daban gañote pues puede tener muy buena prensa pero si haces buen arroz, corres peligro.
Dicen que no bajan porque comen en los v vertederos, que ya es el final de la poesía; se han multiplicado tanto que ya hasta los párrocos se quejan de que las espadañas corren peligro con sus pesados nidos.
Y así es como han vuelto, dicen que de allí donde nunca estuvieron, que es lo poco poético que les queda. O tal vez no, mira la foto. Belleza hay.