En esta tierra detrás de cada nombre hay un gran paisano o una gran paisana, o los dos. Y detrás de Bodegas Guerra un poco de todo y unas cuantas historias. Mágicas.
– Pocos ratos más fascinantes que cuando Raúl Guerra, de la familia y escritor, contaba en larga conversación la historia del abuelo Antonio, el fundador, que en parte había llevado a una de sus novelas, La Gran Vía es Nueva York, creo. Aquella aventura del paisano que conoció la Coca Cola en Nueva York y la ‘inventó’ para España con el nombre de Cola York, no se complicó ¡la vida, de Cola y N. York... Cola York.
Cuando los americanos conocieron el invento del berciano parece que no les gustó y aquello acabó en los tribunales o algo parecido.
Tiene mucha gracia la estampa que novelaba Raúl Guerra del juicio. Llegó Antonio con su abogado ‘del pueblo’ y los americanos con un equipo jurídico como los de las películas, con traje, sombrero y maletín.
Parece que impresionaron los yankees al abogado leonés, que le hizo una curiosa propuesta a don Antonio: «¿Y si nos rendimos?».
- No me jodas, que somos de Cacabelos; tira a ver en qué para esto.