La imagen adquiere más fuerza y sentido que nunca en estos días, en las jornadas que celebramos, en medio de las miradas maliciosas que muchas veces nos ponen apuntando al dedo para que no miremos a la luna llena a la que señala el dedo.
Es una imagen de soltar amarras. Liberar de las viejas cuerdas que atan y atenazan, desde ni se sabe cuándo, ni se intuyen los motivos más allá de la explicación más evidente, la que está pintada o tatuada en la mano.
Han salido a las calles, las han tomado, han gritado, lo han escrito en silencio, con un megáfono, sobre una pancarta... tal vez tantos gritos o sentimientos como personas, como grupos, como colectivos...
Y ahí les han puesto el foco, se lo han vuelto a hacer. El titular es para las diferencias, para los colectivos diversos, para los gritos diferentes y hasta discordantes entre ellos... olvidando, queriendo olvidar, que hay un bien superior que es el que defienden, por el que luchan y el que sienten.
Tal vez no han reparado en que las están esperando con las escopetas que disparan odios (¿porqué al peor de los odios le llamamos africano?) preparadas, felices de poder hablar del mal menor olvidando el bien mayor, el de soltar amarras, el de romper las cuerdas.
A veces es tan importante tener argumentos como no dárselos a quienes te acechan detrás de la tapia para disparar sobre las razones verdaderas.
Parece más fácil, más lógico también, sumar los iguales que restar los diferentes, pero hay que querer.