La sabiduría del burro

La última de La Nueva Crónica

12/06/2026
 Actualizado a 12/06/2026
| SAÚL ARÉN
| SAÚL ARÉN

El burro –insisto con la RAE en quitarle esas connotaciones burras a su nombre– ya sabe dónde tiene que parar, no hace falta que nadie le grite, le silbe, ni le diga.

El burro –atenta la RAE hoy que andan por aquí algunos académicos– fue el gran medio de transporte y, especialmente, de reparto en las épocas más duras de la sobrevivencia, que decía el inolvidable Toño Morala. Ellos llevaban el pan pueblo a pueblo, ellos repartían la fruta casa por casa, ellos andaban kilómetros para llevar al mercado los productos con los que nuestros labrantines sacaban adelante los días y las fatigas, ellos repartían el vino por las tabernas para el trasiego de la clientela, ellos llevaban el carro de verde para las vacas y hasta acercaban a los paisanos hasta las presas a la hora de meter el agua a las huertas. 

Y no hacía falta decirles nada. Ya se paraban ellos en la casa que necesitaba pan, en la tasca que necesitaba vino, allí dónde había un rapaz al que venía bien la fruta o hacía el transporte de algún paisano que la cadera le jugaba malas pasadas para llegar a ‘esborrar’ el puerto... 

Tal era la confianza en la sabiduría del burro que muchos se dormían en el trayecto y, cuando llegaba a destino, con un leve movimiento los despertaba

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