El gran Eduardo Galeano recuerda en uno de sus ‘sueltos’ una anécdota del padre de todas las anécdotas taurinas: Rafael ‘El Gallo’.
Había hecho Rafael una gran faena, otra más, en Albacete. Le había cortado las dos orejas y el rabo a uno de sus toros, lo que parecía darle carta blanca para pedir lo que quisiera. Y lo hizo.
– Nos vamos a Sevilla, ahora mismo; le dijo a su apoderado.
– No se puede maestro, iremos mañana, Sevilla está muy lejos.
– ¿Qué has dicho? No es cierto. Sevilla está donde debe estar, lo que está muy lejos es esto; argumentó el singular torero, en cuyas respuestas se le atribuye siempre una ocurrencia y un tratado de filosofía en la misma frase.
Lo pensaba el domingo, viendo el tenso ambiente que había en los alrededores de la plaza. Con un puesto de Vox repartiendo banderas de España, con una plaza llamando «hijoputa» a un presidente, con algunos asistentes que, curiosamente, sabían la letra de un himno que no la tiene. Y la cantaban. Enfrente un grupo del Pacma que coreaba gritos contra los otros, no faltaban palabras tan gruesas como asesinos.
Curiosamente los dos pensaban que ellos estaban donde tenían que estar, que los que estaban en Albacete eran los otros.