Pepín, el manitas arreglatodo en su taller de Cistierna, estaba estos días del reciente puente ‘a piñón’: «Es el puente de los carretillos y los cortacésped; parece que están todos estropeados y se ponen nerviosos los dueños si no dejan la hierba cortada, que ya está bastante alta en este año de lluvias».
Si recorres los pueblos estos días escucharás sus sonidos. Si miras en los contenedores estarán llenos de hierba verde que, por cierto, huele muy bien hasta que comienza a fermentar. Si miras sobre las tapias verás a los vecinos con sus monos y escabuches quitando las hierbas malas de los rosales que ya lucen espectaculares.
Escuchando estos sonidos ya sabes si las huertas son de veraneantes o lugareños. Si el ruido es de cortacésped y sacan las orillas con desbrozadora... estás ante un veraneante. Si el sonido es de una vieja segadora y para sacar las orillas escuchas cómo la guadaña se desliza... estás ante un lugareño.
Es la primavera amigo, que diría aquel ministro, con sus sonidos y sus carretillos, con las huertas en flor, los capilotes brotados y las lechugas y tomates tomando posesión de los surcos de los huertos para poder presumir en verano de una ensalada con productos de nuestra huerta.