Son modas, gustos, sensibilidades, «quisió» que decían los antiguos ¿Os acordáis de Vicente el de La Uña? Un genio que empezó siendo el mayor furtivo y acabó siendo el Guarda Mayor de la Reserva. De mayor a Mayor, todo a lo grande.
En una recordada entrevista sobre la extinción del urogallo, en la que se lamentaba que ya no quedaba ninguno en toda la comarca, le preguntaron al irrepetible paisano: «¿Sería capaz de calcular cuántos ha matado a lo largo de su vida?».
– ¿No dice que no queda ninguno? Pues los maté todos.
Lógica irrebatible. Y después explicaba cómo «por aquellos años» se puso de moda «en las casas ricas de Madrid tener un urogallo en el salón, disecado por supuesto». Y así fue cómo hizo un buen negocio pues se pusieron a unos precios difíciles de imaginar.
Las modas. Naturalezas muertas ¿Cuántos salones de casas ricas tienen piezas disecadas? ¿cuántos cazadores lucen los cuernos de las piezas abatidas? ¿en cuántos bares de la provincia has estado comiendo debajo de los cuernos de un ciervo o los dientes afilados de un jabalí o un lobo?
Otros salen espantados al verlos. Cada uno es cada cual.