Mi padrino Pepín –que tenía la tienda/comercio/abarrotería/ultramarinos/ferretería y refrescos y derivados... del pueblo– esperaba como agua de mayo la celebracíon de las elecciones, las que fueran, especialmente por el día después; el amanecer del lunes siguiente.
¿Que si se presentaba? ¿Que si estaba muy interesado en los resultados? De aquella manera, que se decía antiguamente. Es decir, alguna vez sí se presentó y fue alcalde, pero era lo de menos; cuando habían pasado sí miraba los resultados, pero tampoco es que le preocupara en exceso, tendría sus preferencias pero para la pregunta de ¿quiénes son los nuestros? tenía una respuesta muy práctica: los que compran en la tienda.
Su pasión del día después era que a pimera hora de la mañana iba y recogía todas las papeletas que sobraban, sin distinción de partidos ni candidatos, y sobre la parte posterior de los nombres hacía las cuentas de la tienda.
Y así a la pregunta de ¿quién te tocó para el precio de un kilo de tomates, 200 gramos de puntas, un tambor de Persil y un paraguas negro? la respuesta podía ser «La UCD de José Ángel Luis Aznar o la Alianza Popular de Fernando de Arvizu y Galarraga».
Que tanto desperdicio de papel no puede ser bueno.