¿Os acordáis del viejo debate, de la persecución a los ‘grafiteros’? cuando debajo de ese nombre se metía en el mismo saco a artistas, creadores, algunos creadores de ingeniosos pensamientos, emborronadores de paredes, guarros que las manchan, seres pagados de sí mismos que escriben aquí estuvo ..., presuntos enamorados que declaran ‘Te quiero...’ y cuando unos meses después pasa la aludida acelera para que su nuevo novio no pregunte ¿quién será esa tocaya tuya?
Y del que escribió a la entrada del espacio natural de las Hoces de Vegacervera ‘Vota PP’ en letras de dos metros no digo nada de la tontería, pero que nadie lo mande borrar para entrar en esa impresionante garganta viendo una gran peña tiene narices. Realmente no tiene narices de borrarlo.
Volvemos al principio, al saco común de los grafiteros. Ahora las ciudades buscan a estos extraordinarios artistas urbanos –por suerte León disfruta de algunos de los mejores– para que tapen esas otras paredes pintarrajeadas que nada tienen de arte ¿Cómo van a convivir unos con otros? Imposible la sinrazón.
Pero hay un camino del medio. Frente a los ‘Aquí estuve yo’, ‘vota no sé qué’, ‘te quiero no sé quién’... que tienen menos gracia que un pregón de Ábalos (no hace falta que lo imagines, no te castigues) hay algunos que dejan a los caminantes ante ellas y le hacen caso al consejo que daba una de ellas que estuvo muchos años a la entrada del Polígono X: «Párate un momento y piensa», una vieja máxima, pero sin olvidar otras históricas: ‘Más escuelas y menos cárceles’, piensa en otra que tiene que ver con lo que ahora se debate: ‘Prohibido fijar cuarteles’... o la de la pared del cementerio de aquel pequeño pueblo: ‘Toda la vida esperando que pasara algo... y se me pasó la vida’. Pues eso... ‘párate y piensa’.