Por más que nos cuenten historias bellas el panorama de una habitación que muestra la foto es su estado más natural. (Absténganse de opinar maníacos de limpieza, obsesos del orden y otros colectivos minoritarios, como los encargados de mostrar en los museos las reproducciones de cómo eran las casas del ayer).
Y para ese estado natural, de desorden máximo, hay una definición de madre leonesa que es infalible, como tantas otras que han patentado aunque la RAE viva al margen.
La palabra exacta de madre es leonera, que no es «la persona que cuida de los leones que están en la leonera» (academia dixit) sino una forma de comportamiento que consiste en tirar en completo desorden encima de la cama todas las prendas que va desechando para la salida nocturna que se avecina.
Esta situación se hace patente cuando la madre entra por la mañana en la habitación y profiere un grito sin traducción pero que todos los habitantes de la casa entienden.
Y sobre la mesita el único que justifica el desorden: el abuelo, una profesión que consiste en darle la razón al que no la tiene.