Las historias de la montaña no tienen comparación con nada como no tienen comparación con ningún otro deportista las gentes de la montaña, de las montañas. Baste un ejemplo de un dicho de cómo morían con frecuencia los vecinos de Caín: «Los cainejos no mueren... se despeñan».
Y lo ilustran con un ejemplo que lo aclara todo mucho más. El Cainejo murió despeñado, le atacó una cabra y se despeñó. Y Gregorio Pérez, que así se llamaba, fue la leyenda de la aquella montaña.
Pues, viaja en el tiempo e imagina, si las historias de los hombres de la montaña son increíbles, irrepetibles, ¿qué sería de las de las mujeres? de las que, por cierto, se sabe mucho menos porque en este campo también las invisibilizaron. Tanto que la propia Ana Martínez de Paz, otra historia en sí misma, no conocía la historia de Las Cainejas pero cuando lo hizo se prometió que borraba el olvido.
El de María Isabel y Teófila y el de muchas más, algunas pasaron estos días por Valdeón. Y empezó a bucear y rescató imágenes como la de la fotografía, que no necesitan explicación.
Las Cainejas bajaron el Naranjo sin cuerdas, que es una hazaña tirando a milagro pero... ¿y subir con estas faldas, qué es?