Todo el mundo tiene derecho a un escaparate al que asomarse, en el que mostrar lo suyo. Las Cartas al Director –hoy asesinadas por los correos electrónicos ‘wasap’ y otras zarandajas– fueron durante muchos años fuente de noticias, tribuna abierta y espacio de cuidados textos de quien no tenía otro lugar para mostrarlas. Hoy lo podrían ser, lo son las redes sociales, pero enturbiadas y rodeados del barro de quien no crea nada pero tiene el mazo dispuesto para golpear e insultar, ese deporte tan actual y cobarde pues pocas veces dan la cara.
¿Y galerías para los escultores? Todo el mundo se pega por un espacio en la plaza principal, a la sombra de la Catedral... la cultura urbana, ya se sabe.
Un día Amancio, ese tipo tan especial, sentó su ‘Negrilla’ en el centro de la capital y abrió una puerta. Aunque era una protesta por el olvido del cercano Trobajo... se convirtió en un símbolo y en una invitación.
Cierto que el berciano Domingo González había decidido perpetuar vida en los olmos que se morían, con ellos los históricos negrillones, que también perpetuaron su vida muerta en esculturas, en Boñar, Ocero o Velilla de la Reina. El gran Rixo trasladó aquella habilidad que tenía de niño para sacar figuras a cualquier palo en una ruta por árboles tallados por árboles y bosques desde Páramo del Sil hasta Ponferrada...
Paulino, el presidente de Viadangos de Arbas, ha convertido un paseo por su pueblo en una visita a un repaso de homenajes e imágenes de árboles o en los árboles; también los hay en Olleros, en Villablino no pudieron encontrar mejor motivo para reivindicar sus brañas, las lacianiegas, que un oso en uno de sus árboles...
Museos abiertos, en la naturaleza, sin puertas ni paredes, campos de expresión, sus columnas de opinión...