El mundo es de los visionarios. También los fracasos. Si sale bien eres un genio, si sale mal tendrás que soportar lo que antes eran bromas y ahora le llaman memes.
Ahí tienes a quien –seguramente recordando las carreras del último día por hacerse con las gafas homologadas para ver el eclipse más mediático de la historia– se adelanta un año a la idea de que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy o que hombre precavido vale por dos, ignorando ese gusto tan nuestro de dejarlo todo para última hora, esa adrenalina gratuita de no saber qué va a ocurrir a la hora de la verdad.
O, no lo descartes, puede haber detrás un cachondo que sabe que va a llamar la atención, que tiene claro que se va a hablar de su cartel, que no dejará de pasar por allí algún cazador de historias que sacará la cámara y disparará... O la casilla de otras razones.
Todo es posible. No olvidemos el lamento de la irrepetible Juanita cuando la prometida Escuela de Pilotos se fue al limbo y ella hacía público su lamento: «¿Y ahora qué hago yo con mi tienda de escafandras?».
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