La mayoría de los recuerdos cargados de nostalgia de quienes vuelven la mirada hacia sus pueblos y sus infancias y juventudes... desembocan en los bailes, en las verbenas, en las fiestas, en los primeros besos furtivos, en aquellos ritos de sacar a bailar mientras la moza, modosa y cuidadosa, miraba de reojo a sus padres para ver qué decían, sin necesidad de hablar, mimos sin plaza por oposición....
Y las viejas costumbres. Que entre un carro entre los bailarines, como recordaba el párroco desde el púlpito cuando se acercaban las esperadas fiestas, las correspondientes verbenas, las miradas al biés, los besos sin fecha de caducidad.
Es cierto que había muchos obstáculos, que antes de bailar había que meter la hierba al pajar y preparar la ensaladilla rusa —con perdón— para dejarla en la fresquera hasta el día grande... Cierto, pero lo que recuerdan es lo que recuerdan, como se ve claramente en la fotografía.