Tarradellas, José, convirtió la frase en un lema –«ya estoy aquí»– que recogieron y se quedaron para sí otros muchos a los que no importó que el honorable Josep lo dijera en catalán, Ayuso le perdone: «Ja sóc aquí».
No es más que ese deseo de estar siempre presente, de que miren para tí, que te vean como un pincel en medio de muchos pinceles como tú. Es el eterno ¿qué hay de lo mío? que protagoniza los audios de aquí y aculla, que vaya gente con la que tratamos, que hay sospechas fundadas de que se hayan grabado a sí mismos por si les hiciera falta en algún momento; que no lo descartes, que diría Descartes.
Pero que tengan que decir que «ya están aquí» los papones y demás personajes de la pasión en cualquier época del año ya empieza a sonar a un poco atorrante. Que el nuestro Niño Jesús no nace más que una vez pero lo están matando cada medio mes; un poco de respeto por esa madre, que la traen todo el año de entierro, con lo que sufren.
¿Qué cómo va esto? ¿Qué es para que puedan decir ¡eh, que estoy aquí!todos aquellos que no pudieron ante la avalancha de la primera convocatoria? ¿qué es tanta la fe que no la gastan en los días oficiales?
Si viviera Tarradellas... o, cuando menos, resucitara un rato.