Si trasnochas –incluso en casa que no hace falta que sea en el Húmedo, el Romántico o la Pícara– lo puedes comprobar. Asómate a las cinco o las seis de la mañana a ver el desfile de gente que regresa a casa (más tarde es aún mucho más variado) y comprobarás cómo un elevado porcentaje de fiesteros ofrecen curiosas novedades en los pies.
Son muchas las que caminan en su viaje de regreso con unas cómodas zapatillas de andar por casa y de su bolso asoman los zapatos con los que unas cuantas horas antes hicieron el viaje de ida. Son muchos los que caminan en calcetines o con curiosos inventos en sus pies.
Tampoco es nada extraño que ocurra el sistema contrario, más bien complementario, que ante nocturnos saraos y celebraciones de postín aquel que de lejos viaja venga con calzado cómodo, ‘arreglao’ pero informal, y coloque a pie de alfombra aquellos otros zapatos que limpió con betún para estar como un pincel a la hora de la verdad.
Cuando las flores y micrófonos disparen la atención sobre él.
Es el curioso mundo de la invisible pasarela de los pies.