Hasta las moscas pasaban hambre

La última de La Nueva Crónica

19/11/2025
 Actualizado a 19/11/2025
| FERNANDO OTERO
| FERNANDO OTERO

Hay pocos viajes más fascinantes que uno a todos los mundos que encierra una tienda de antigüedades o la casa de un coleccionista, Pepín Muñiz, por ejemplo, donde convive un limosnero, con su propio ataúd o un libró erótico de tres tomos titulado algo así como ‘Las aventuras eróticas de una ladilla’, que narra el viaje de ilustres pelvis en pelvis de la gran protagonista.

Solo allí puedes mirarte en grandes espejos con marcos de oro -si el cuerpo te lo permite- antes de detenerte en viejos muebles y viejas palabras, saltar de la alacena al aparador, de la trona al reloj de pared, de la cámara de fuelle a la linterna mágica, de la máquina de coser a la de escribir y del molinillo a un histórico arpa que  encierra la sorprendente historia de un músico callejero.

Porque lo mejor de las tiendas de antiguedades es escuchar al anticuario, dejarte enredar en su hechizo en el contar. «Cuando mi familia empezó en esto, los bisabuelos iban con el carro de pueblo en pueblo, cuando hasta las moscas pasaban hambre», dice para arrancar su relato el anticuario Ángel , al que no falta en su andadura ni siquiera un milagro. «Estas muletas fueron de una mujer  que era coja, pero la ofrecieron a la Virgen de la Vega, pasaron la noche rezando y al marchar, cuando se dio cuenta, ya caminaba sin muletas».

Sólo lo puedes creer si te lo cuenta un anticuario.   

Archivado en
Lo más leído