Si apuntas en tu memoria todas las ofertas, promesas y prebendas que estás recibiendo estos días verás que debe ser verdad la vieja anécdota del que preguntó qué faltaba en aquel pueblo que visitaba —«un puente», le dijeron— y prometió con gran solemnidad: «Os haremos un puente».
- Es que no tenemos río; dijo alguien desde una esquina.
- Os haremos un río.
Y se fue tan pancho. A prometer nuevos puentes. Y ríos.
La competición de promesas está abierta. Uno no sabe en qué cartilla meter tanto ahorro, con qué empresa hacer tanta obra, en qué nueva iniciativa colocar a sus hijos, en qué gastar tanta ayuda, por tanto motivo...
Y después irán pasando los días, los años, las legislaturas, los repartos (presuntos, la palabra de guardia para todo) y un día alguien se coloca a las puertas de aquellos que les prometieron el puente y el río y se hace la pregunta: «¿Y la obra, pa cuándo?».