¿Tiene solución que a la mañana siguiente de cada una de las verbenas de las fiestas patronales los restos de botellones, latas, botellas, preservativos (hace años dirían, ¡ay lo que ha dicho!) zapatos y no descartes hasta muñecas hinchables, amanezcan sembrados en las plazas, calles, las orillas de los ríos o las praderas, allí donde se siguen celebrando las llamadas ‘fiestas de prao’?
¿Tiene solución que las orquestas, con sus luces y potencia de sonido, tengan sin dormir a muchos vecinos de la zona que, además, pueden aumentar su desazón con noches de calor y bochorno?
¿Tiene solución que en las zonas de copas nunca falta, en la madrugada de la verbena, quien le habla al compañero que lleva al lado como si estuviera en la otra punta de la ciudad? ¿Tiene solución que a esas horas nunca falta quien se arranque por ‘Eva María se fue’ o, incluso, ‘El baúl de los recuerdos’, de Karina? Que ya decía Miguel Escanciano que no hay revolución que no acabe sus reuniones cantando a Karina o El Fary.
¿Es la solución suspender las fiestas? Porque vender vino y querer que sea un congreso de abstemios tiene un encaje complicado.
La más fácil es echarle la culpa a los del entierro de Genarín, ahora que hay procesiones de Semana Santa durante todos los meses del año... ¿porqué vamos a indultar a los genarianos?