Hablamos hoy de los grafiteros con mucho respeto y admiración, como todos aquellos que ascienden en la escala social estrenan a su vez nombre de más tronío, artistas urbanos.
Vagaban no hace tanto en las sombras de la noche, corrían cuando llegaba la policía, se les mezclaba con manchadores de paredes... pero se ganaron el respeto a base de obras espectaculares, murales inolvidables que han hecho de ellos personajes tan admirables como admirados, que trabajan a plena luz del día, entre palabras elogiosas y ante los ojos admirados de quienes ven la maestría con la que manejan a gran velocidad los botes de sprays de todos los colores, que llevan perfectamente colocadas en sus maletas.
Hay lugares, La Bañeza por ejemplo, que pugnan por ser la capital del arte urbano, con cientos de obras que hacen de un paseo por la ciudad una especie de recorrido por las obras de artistas en una galería a cielo abierto.
Así se gana el respeto, con mucho arte y una maleta de colores.