De ‘León de toda la vida’, de esos que ahora dicen con ocho apellidos leoneses, quedan cuatro, tirando por lo alto. Al otro 99 % le tira el gen de la era, que lo de la dehesa es cosa de terratenientes.
Seguramente por ello tienen tanto éxito, miles y miles de visitantes, aquellas citas, ferias multisectoriales y similares, en las que el agro manda. Desde viejos tractores de ruedas de hierro y arranque de queroseno a modernas máquinas que faenan de una manera que ayer parecía una quimera, sin conductor, y con una cabina que parece hecha para que piloten Sara y Pablo, esos astronautas que siguen siendo el único orgullo incuestionado de esta tierra. El futuro también mira hacia atrás.
Y es que lo de mirar hacia atrás nos pone. La infancia sigue siendo la patria verdadera y ¿quien no jugó con un camión o un tractor?, ¿quién no lo condujo en sueños?, ¿quién no miró atrás sin ira?
Y la colección de tractores de Pepe Barreiros sigue esperando que alguien se acuerde de dónde venimos
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