Dicen los que leen en el alma que cuando nos negamos a tirar a la basura aquellos viejos juguetes, sucios y estropeados, no es cuestión de guardar por guardar, lo que entienden es que nos aferramos a la infancia, a la felicidad, a la vieja patria hecha de sueños más que de banderas.
Y así los oscuros desvanes, los cuartos con una sola bombilla de las cosas viejas, están llenos de recuerdos de días felices que nadie se atreve a tirar pues saben sin saberlo lo que sospechan aquellos que saben leer el alma.
Y entre los recuerdos, los juguetes y, en definitiva, la memoria que jamás se destruye ocupa el primer cajón del podio, el más alto, las muñecas, de todo tipo y manufactura, de un palo con ojos a las de lujo que comercializan las grandes firmas de moda a aquellas que cada Navidad se dirigen al Portal.
Y es que realmente se dirigen al escaparate de los sueños.