Era todavía ayer cuando ‘el sistema’ (qué palabro tan cruel) les reservaba el rincón más oscuro, cuando las formaba para coser, bordar y fregar; para esperar al marido con las zapatillas calientes y una sonrisa, que así se les exigía; cuando tenía que escuchar sin rechistar, que nunca descubren nada; «pues les falta, ese talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer más que interpretar, mejor o peor, lo que los hombres nos dan hecho».
Y desde aquel rincón oscuro, desde el silencio impuesto, creando lo que les decían prohibido, leyendo a la luz de la mesa camilla, construyeron una tierra que ni soñaron quienes las imaginaban inútiles y exaltaban ese papel de madres, que era el único derecho que les reconocían, el único oficio que ensalzaban, el único papel que les asignaban.
Era todavía ayer.
¿Y empezamos a olvidar lo que pasó todavía ayer?