Primero crearon aquellos espeluznantes muñecos con apariencia humana que cuando sus simpáticos compradores los tiraban al suelo te daba un vuelco el corazón y te abalanzabas a salvar su vida mientras ‘su padre/madre’ «se partía el culo» (en nada afortunada expresión suya) al ver cómo te habías llevado el susto de tu vida, el que merece un niño golpeado, lo que tú creías haber visto.
Después llegaron aquellas imágenes que desmentían una verdad que parecía irrefutable, que las fotos nunca mienten, simplemente recogen y reflejan lo que ven. Pues nada, aquella verdad también la enterraron en los cementerios de la realidad. Y te hacía gracia que te regalaran una foto en la que Julio Iglesias te abrazaba con el inmenso cariño que decía tener para dar y regalar. Aunque nunca haya estado a menos de 100 kilómetros del tal Iglesias.
Ahora las fotos son pasto de reflejar mentiras tan terribles como pueda tragar tu gañote.
Ahora una máquina hace los deberes y hasta escribe un artículo que te hace creer que es tuyo... O cualquier barbaridad. Me acaban de enseñar un texto, presuntamente mío, en el que cuento que un luchador ganó tanto en su deportes que se desplaza en helicóptero.
Decían que lo dije yo. Cuando la verdad es que lo único que ocurría es que le llamaba en las crónicas ‘Julio El Helicóptero’.
¿Dónde coño está empadronada la verdad? Ahora resulta que le tenemos miedo a la máquina que dispara obuses contra ella ¿Y qué querías, milagros?
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